¿Es posible una acción política partiendo de la teoría del valor-trabajo?

Con la expresión acción política me refiero a la posibilidad de hacer germinar en la población una crítica a la sociedad del trabajo y de las mercancías capaz de derivar en formas de organización y participación política antagónicas (movimientos sociales, grupos de acción directa, etc.). Descarto entre las formas de organización política la de los partidos, aun bajo la falsa dicotomía que se establece ahora entre “viejos” y “nuevos”, pues en ambos la jerarquización y la aspiración a la gobernabilidad de lo dado imposibilitan una crítica radical desde su seno.

La cuestión es por tanto saber si estamos preparados para superar el fetichismo de la mercancía y subvertir la idea de trabajo como eje organizativo de la sociedad, del tiempo y de la vida.

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En Baltimore, Maryland, EEUU

Son tres las preguntas que resumen esta incertidumbre:

– ¿Las condiciones actuales de crisis del capitalismo facilitan la difusión y el desarrollo de las ideas de la teoría del valor-trabajo?

– ¿Cómo superar la psicologización que implica la teoría del fetichismo de las mercancías?

– ¿Somos capaces de imaginar otras formas de relación social, de diseñar aunque sea mentalmente sociedades post-capitalistas sin la dominación del trabajo abstracto y de las mercancías?

Con respecto a la primera pregunta creo que la crisis del capitalismo no ha traído consigo condiciones más apropiadas para la difusión y asimilación de la crítica radical que supone la teoría del valor-trabajo. Como hemos visto en los textos de diversos autores, la reacción más generalizada a la crisis del capital (o a su agonía en forma de turbo capitalismo) ha sido la de apelar al keynesianismo. Se ha optado por rescatar el papel del Estado como regulador económico y social, como si este no fuera un elemento más del capitalismo en su forma actual, u obviando que es uno de los instrumentos o subterfugios más empleados por los neoliberales. Y resulta cada vez más evidente que el capitalismo de Estado es otra de las múltiples caras de la sociedad de las mercancías.

La crisis del capital tampoco ha generado las condiciones necesarias para una “suspensión del juicio” con respecto al concepto de trabajo. La precarización de las condiciones de trabajo y la precarización del tiempo de vida (tiempo de vida que destinamos a comprar mercancías o a optimizarnos como otra mercancía más) parecen más bien suponer un acicate en la carrera frenética hacia mejores posiciones en el mundo del capital. Somos precarios en el trabajo, por lo que seguro que tarde o temprano nuestra situación puede o debe mejorar (como una especie de promesa religiosa).

Por otro lado, los desempleados, los incapacitados, los marginados (drogodependientes, presos, enfermos mentales), no se encuentran en situación de realizar una crítica del trabajo, por ser constantemente desplazados a la condición de cuasi-sujetos (en tanto que no se pueden relacionar con mercancías o como mercancías, no tienen cabida en nuestra sociedad, les falta algo).

Así pues, el hechizo persiste, y unos y otros aspiran solo a subir un escalón más en la sociedad de las mercancías: los desempleados a tener un trabajo, por precario que sea, para poder sobrevivir; los asalariados a mejorar sus condiciones laborales, su capacidad adquisitiva y tal vez llegar a formar parte alguna vez del grupo de los deseados “emprendedores”. A esto se le añade el brebaje del endeudamiento y ya se tienen listos todos los componentes para la inacción política.

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Dar el salto

¿Esperamos entonces a una transformación que parta del individuo?

Lo que me lleva a la segunda pregunta que planteé: cómo superar la psicologización que supone la teoría del fetichismo de las mercancías. Si bien la sociedad de las mercancías está basada en un tipo peculiar de relaciones sociales (las relaciones de los productores asumen la forma de una relación social entre los productos del trabajo), no es menos cierto que también responde a un modo subjetivo, cultural o aprehendido, de concebir la realidad. Esto es, mi mirada, aunque sea crítica, proviene de un sujeto que nace y crece en la sociedad de las mercancías. ¿Qué opción tengo entonces para reaccionar contra esta forma de sociedad? ¿Convertirme en un flaneur en la ciudad o en el campo aislarme como un ermitaño? ¿Cómo no sospechar de mí siempre, dado que soy un producto de la sociedad capitalista?

De esta sospecha se desprende que la labor de imaginar una sociedad post-mercancías no pasa de ser “política-ficción”. Consuela saber que el capitalismo no es una forma inmanente o ahistórica, pero concebir salidas colectivas a la sociedad de las mercancías se hace difícil. ¿Hay que comenzar por una huida individual o grupal hacia delante o hacia un lado? ¿Aprovechar los acontecimientos para desatar en cadena otros tantos que pongan en peligro o cuestionen la sociedad de las mercancías (acontecimientos en el sentido de Badiou o Lazzarato)? ¿Es posible encontrar formas de acción política que no acaben subsumidas o desactivadas por la maquinaria capitalista?

Al menos la crítica radical que representa la teoría del valor-trabajo no puede ser fagocitada por el sistema capitalista, por lo que su desarrollo teórico junto a la incorporación de los nuevos antagonismos, resulta indispensable para pasar de la política-ficción a una política-acción contra el trabajo y la valorización del valor.

Cristina Ventura

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SEXTA Y ÚLTIMA SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO 2015-16

Siempre elijo el lado equivocado del capitalismo

Siempre elijo el lado equivocado del capitalismo

Os esperamos para la próxima sesión, la Sexta y última, que será el jueves día 9 de Junio, de 5 a 19:30 de la tarde, con un descanso intermedio, en la Librería Enclave de la calle Relatores, 26.  con una nueva temática, La descomposición de la esfera de la política y Conclusiones del seminario – Políticas ficticias en la época del “capital ficticio”.

Fundamentalmente, trabajaremos sobre dos textos de Robert Kurz, “El fin de la política. Tesis sobre la crisis del sistema de regulación de la forma de la mercancía“, de 1994, y “Antieconomía y antipolítica. Sobre la reformulación de la emancipación social después del fin del «marxismo»“, de 1997. Ambos son textos muy valiosos para pensar la política en relación a la sociedad del valor.

Como ya os hemos indicado en otras ocasiones, los textos, con ocasión de este Seminario, han sido reunidos en dos libros que ponemos a disposición de los asistentes al Seminario o de personas interesadas en los temas que tratamos, y que podrán encontrar en la misma librería donde lo celebramos. En esta ocasión trabajaremos sobre todo con textos de Robert Kurz, como acabamos de indicar, cuya lectura os recomendamos con mucho interés.

2015-16 6ª SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO: 2015-16: La descomposición de la esfera de la política y Conclusiones del seminario Políticas ficticias en la época del “capital ficticio”

 

Explotación severa en el corazón de Europa

Cuando es un juez quien dice “todo el mundo hace la vista gorda”, no cabe duda de que se ha detectado un problema grave que va más allá de un caso concreto. El contexto en el que un juez español lamentó la pasividad de las autoridades es la detección de talleres clandestinos de confección textil y el marco en el que aparece este lamento es el informe sobre Explotación Laboral Severa que la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA, por sus siglas en inglés) ha publicado el 2 de junio de 2014.

El sector textil, la construcción, los servicios de hostelería y la agricultura son las ocupaciones sobre las que este observatorio europeo ha alertado como nichos de explotación. La diferencia entre las legislaciones de los Estados europeos es el principal escollo para homogeneizar la persecución de la esclavitud laboral en el siglo XXI. La trata, esto es el comercio ilegal de personas con propósitos de esclavitud reproductiva, explotación sexual, trabajos forzados o extracción de órganos, aparece en el informe, que ha contado, en la mayoría de países europeos, con más dotaciones para detectar y perseguir esta forma de esclavitud laboral.

El miedo a que una denuncia se convierta en una orden de expulsión del país es la clave en muchos de los casos denunciados

La carta de Derechos Fundamentales de la UE, en sus artículos 5 y 31, establece la guía general, pero ésta se aplica de forma diferente entre aquellos países que sólo protegen a ciudadanos de terceros países, los que sólo garantizan los derechos de las personas migrantes sin papeles mediante la legislación penal –no a través de las leyes de trabajo– y los países que protegen también a los nacionales de la UE a través de la legislación laboral.

La dificultad para recoger los testimonios hace que el FRA no se aventure a dar una cifra de personas en esta situación y se remita a la consideración de la Organización Internacional del Trabajo de que tres de cada mil personas en el mundo han sufrido estas condiciones. En la UE, en los países con una legislación más garantista, han aflorado más casos que en aquellos en los que los marcos legales son más amplios o vagos.  En octubre, la campaña Used in Europe estimó en 800.000 las personas que sufren explotación laboral severa en Europa.

El pasado domingo 28 de marzo de 2010 cientos de personas se concentraron en la plaza de Jacinto Benavente de Madrid para exigir condiciones dignas para las trabajadoras domesticas. En la concentracion estuvieron presentes muchas empleadas domesticas y otras personas que las apoyan en su lucha. Despues de interpretar una obra de teatro en la que se denunciaba la situacion laboral de este colectivo, las personas congregadas marcharon en manifestacion hasta la Puerta del Sol donde se leyo un manifiesto.

Actuamos contra la explotación laboral…, esto es, todo “trabajo” bajo el capitalismo

Rumanos recolectando patatas en Hungría, bengalíes o pakistaníes recogiendo fruta en Grecia, portugueses construyendo carreteras en los Países Bajos o subsaharianas trabajando como au-pairs en Francia. La explotación tiene muchas caras pero constantes comunes: sueldos de menos de un euro la hora, jornadas de doce horas diarias durante seis o siete días seguidos, y, a menudo, un “hogar” en condiciones de inhabitabilidad a menudo atado al lugar de trabajo.

el principal factor personal de riesgo detectado ha sido el desconocimiento del idioma, el bajo nivel educativo y que los trabajadores proviniesen de situaciones de extrema pobreza

A pesar de que los sistemas de detección y monitorización del Estado español son buenos, el FRA explica que se está produciendo un aumento de la explotación en la agricultura que se extiende también a Portugal. El miedo a que una denuncia se convierta en una orden de expulsión del país, junto a una situación de extrema pobreza que lleva a aceptar cualquier tipo de empleo, son los factores clave en muchos de los casos denunciados. En los casos analizados por el FRA el principal factor personal de riesgo detectado ha sido el desconocimiento del idioma, el bajo nivel educativo y que los trabajadores proviniesen de situaciones de extrema pobreza en sus países de origen.

Un representante sindical español citado en el artículo considera que “no hay una condena social; no se reprueba que un hombre de negocios tenga personas migrantes trabajando para él y que las explote (…), no se condena que haya migrantes viviendo en condiciones inhumanas”. El racismo es un factor coadyuvante para las situaciones de explotación, dado que aumenta la percepción de que hay trabajos para los que la población autóctona no está destinada y por tanto, pueden tener condiciones subestándar.

Las necesidades de las víctimas de estas situaciones, indica el informe, son tener la posibilidad de establecerse en un país de la UE, y, en un número significativo de casos, poder proveer a otros miembros de la familia y algo tan evidente como recibir una paga por su trabajo.

Al margen de las recomendaciones a los Estados y a las autoridades de dichos países, el informe subraya la responsabilidad de los consumidores a la hora de adquirir productos o servicios que puedan proceder del trabajo en condiciones de explotación severa.

MANIFIESTO CONTRA EL TRABAJO (XVII) y ÚLTIMO, 1999

Lo sabes, ¿no?

Lo sabes, ¿no?

18. La lucha contra el trabajo es antipolítica

«Nuestra vida es el asesinato por el trabajo. Hace 60 años que colgamos de la cuerda y pataleamos, pero nos vamos a soltar.»

Georg Büchner, La muerte de Danton, 1835

La superación del trabajo es cualquier cosa menos una utopía nebulosa. La sociedad mundial no puede continuar en su forma actual otros 50 ó 100 años. Que los adversarios del trabajo se tengan que enfrentar a un ídolo trabajo ya clínicamente muerto no hace necesariamente su tarea más fácil. Puesto que cuanto más se agrava la crisis de la sociedad del trabajo y todos los intentos de poner remedio acaban fracasando, más crece el abismo entre el aislamiento de las mónadas sociales desvalidas y las exigencias de un movimiento de apropiación de la totalidad de la sociedad. El salvajismo creciente de las relaciones sociales en muchas partes del mundo muestra que la antigua conciencia del trabajo y la competencia prosigue a niveles cada vez más ínfimos. La «descivilización» a trompicones, a pesar de todos los impulsos de un malestar en el capitalismo, parece ser la forma más natural de transcurrir la crisis.

«(…) cuanto más se agrava la crisis de la sociedad del trabajo y todos los intentos de poner remedio acaban fracasando, más crece el abismo entre el aislamiento de las mónadas sociales desvalidas y las exigencias de un movimiento de apropiación de la totalidad de la sociedad»

Justamente con unas perspectivas tan negativas, sería fatal posponer la crítica del trabajo como programa integral para el conjunto de la sociedad y limitarse a levantar una economía precaria de supervivencia sobre las ruinas de la sociedad del trabajo. La crítica del trabajo sólo tiene una oportunidad si se enfrenta a la corriente dessocializante, en vez de dejarse arrastrar por ella. Pero los estándares civilizatorios ya no se pueden defender con la política democrática, sino sólo contra ella.

«(…) los estándares civilizatorios ya no se pueden defender con la política democrática, sino sólo contra ella […] Es imposible rebelarse contra la enajenación de las propias potencias sociales sin enfrentarse al Estado.»

El que aspire a la apropiación y transformación emancipadora del contexto social entero, difícilmente podrá ignorar la instancia que ha organizado hasta ahora sus condiciones básicas. Es imposible rebelarse contra la enajenación de las propias potencias sociales sin enfrentarse al Estado. Puesto que el Estado no sólo administra más o menos la mitad de la riqueza social, sino que también asegura la subordinación forzosa de todos los potenciales sociales bajo el mandamiento de la explotación. Tan claro es que los adversarios del trabajo no pueden ignorar el Estado y la política, como lo es que con ellos no hay ningún Estado ni política que hacer.

Si el final de trabajo es el final de la política, entonces un movimiento político por la abolición del trabajo sería una contradicción en sí mismo. Los adversarios del trabajo le dirigen reclamaciones al Estado, pero no constituyen un partido político ni lo van a constituir. La meta de la política sólo puede ser conquistar el aparato de Estado para continuar con la sociedad del trabajo. Los adversarios del trabajo, en consecuencia, no quieren ocupar los centros de mando del poder, sino dejarlos fuera de servicio. Su lucha no es política, sino antipolítica.

“Si el final de trabajo es el final de la política, entonces un movimiento político por la abolición del trabajo sería una contradicción en sí mismo. Los adversarios del trabajo le dirigen reclamaciones al Estado, pero no constituyen un partido político ni lo van a constituir. […] Su lucha no es política, sino antipolítica.”

El Estado y la política de la Modernidad se encuentran inseparablemente entrelazados en el sistema coercitivo del trabajo, y es por eso que tienen que desaparecer los dos junto a éste. Las habladurías acerca de un renacimiento de la política son sólo el intento de reconducir la crítica del terror económico a una actuación que se pueda relacionar positivamente con el Estado. Pero autoorganización y autodeterminación son justamente lo contrario de Estado y política. La conquista de espacios socioeconómicos y culturales libres no se consumará tomando rodeos, sendas oficiales o desvíos políticos, sino mediante la constitución de una contrasociedad.

Libertad no significa ni dejarse machacar por el mercado ni administrar por el Estado, sino organizar según criterios propios las relaciones sociales sin intromisiones de aparatos enajenados. En ese sentido, los adversarios del trabajo lo que se proponen es encontrar nuevas formas de movilización social y de conquistar cabezas de puente para la reproducción de la vida más allá del trabajo. Lo que hay que hacer es combinar las formas de práctica contrasocial con el rechazo ofensivo del trabajo.

Por mucho que los poderes dominantes nos tachen de locos, porque nos arriesgamos a romper con su sistema irracional de imposiciones, nosotros no tenemos nada más que perder que la perspectiva de la catástrofe hacia la que nos conducen. ¡Tenemos un mundo más allá del trabajo que ganar!

“(…) autoorganización y autodeterminación son justamente lo contrario de Estado y política. La conquista de espacios socioeconómicos y culturales libres no se consumará tomando rodeos, sendas oficiales o desvíos políticos, sino mediante la constitución de una contrasociedad.”

¡Proletarios de todo el mundo, dejadlo ya!

Warren Buffett: La desigualdad social es una “consecuencia inevitable” del capitalismo

El trabajo os hará libres

El trabajo os hará libres

La gente tiene que dejar de culpar a los ricos por la desigualdad de ingresos en Estados Unidos, afirmó el tercer hombre más rico del mundo, el multimillonario Warren Buffett.

En un artículo publicado en ‘The Wall Street Journal’, Buffett, cuya fortuna se estima en más de 71.000 millones de dólares según la revista ‘Forbes’, asegura que “los pobres no son pobres porque los ricos son ricos”.

Citando el éxito de Henry Ford y de Steve Jobs como ejemplo de la innovación, el multimillonario estadounidense señala que los ricos no son indignos y que “la mayoría de ellos ha contribuido con innovaciones brillantes o experiencia administrativa” a la economía de EEUU.

Asimismo, Buffett afirma que el fenómeno de la desigualdad no puede ser resuelto con aumentos del salario mínimo o a través de métodos como la mejora de la calidad de educación.

Explicando los procesos socioeconómicos, Buffett escribió que la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor y es una “consecuencia inevitable” de la economía basada en el mercado.

No hay conspiración detrás de este hecho deprimente: los pobres no son pobres porque los ricos son ricos”, opina y enfatiza que los ricos se lo merecen.

Fuente: LibreRed (http://www.librered.net/?p=38822)

¿Asia es el último refugio del fordismo?

Podemos tener pobres en cualquier parte del mundo

En Bangladesh, 223000 personas trabajan indirectamente para Inditex. Es el mismo país donde hace sólo unos días fallecieron más de 100 trabajadores en el incendio de dos fábricas textiles. Esa tragedia ha vuelto a poner de relieve la falta de seguridad laboral en el segundo productor mundial de prendas textiles por detrás de China.

Inditex no desvela qué empresas trabajan para ella ni en Bangladesh ni en ningún otro país. No publica ni el nombre de sus proveedores, ni cuáles son las condiciones de sus trabajadores subcontratados. Pero basta un dato para comprobar la relevancia que Bangladesh tiene en su modelo de abastecimiento. La plantilla en nómina de la multinacional gallega era de 109000 empleados al cierre de 2011, prácticamente la mitad de personas que trabajan para ella en el país asiático. En Bangladesh, el salario medio de un trabajador textil es de 31 euros al mes, según han destacado los sindicatos locales tras el incendio del pasado sábado.

Para la empresa española dueña de Zara, Bershka o Massimo Dutti, su presencia en Asia es esencial, como lo es para el resto de multinacionales textiles como H&M, GAP o C&A. Todas aprovechan los bajos costes de producción en China, India, Pakistán o Camboya para poder mantener su competitividad y sus precios de venta lo más reducidos posibles, más aún en tiempos de crisis de consumo.

El 44,7% de los proveedores de Inditex son asiáticos. La empresa fundada por Amancio Ortega tiene en ese continente 625 de sus 1398 proveedores. Esas sociedades deben cumplir un requisito: elaborar para ella más de 20000 prendas anuales. En total, la cadena de suministro abarca más de 40 países. Se trata de proveedores a gran escala que, según señala la compañía, deben cumplir el código de conducta y los estándares de producción fijados desde la sede de Arteixo (A Coruña).

En su memoria anual, la matriz de Zara engloba sus proveedores por áreas geográficas (Asia, Unión Europea, Europa no comunitaria, América y África) y sólo detalla el número de trabajadores subcontratados en siete países: Bangladesh, China, India, Turquía, Marruecos, Brasil e India. En ellos trabaja a través de una figura denominada clúster. Se trata de un modelo de asociación integrado por proveedores, patronales y sindicatos con el objetivo de producir bajo estándares de producción “sostenibles” y cumpliendo “derechos laborales fundamentales”. Según un portavoz de la compañía, “el conjunto de los clústers representa casi el 90% de la producción total de Inditex”.

Gracias a estas asociaciones conocemos que en Bangladesh contaba a 31 de enero de 2012 (fecha en la que cierra su ejercicio) con 150 fabricantes, en China alcanzaba los 761, pero con menos trabajadores subcontratados, 166000. En India, los fabricantes que trabajan para la empresa española tienen 51600 empleados, cifra que se reduce a los 48000 tanto en Marruecos como en Turquía, a algo más de 15000 en Portugal y a cerca de 10000 en Brasil.

Menos fabricantes en la Unión Europea

Mientras Inditex trabaja cada vez más con empresas asiáticas reduce progresivamente el número de fabricantes dentro de la Unión Europea. En 2009, trabajaban para ella 512 proveedores que deben cumplir los estándares de fabricación comunitarios. A finales de 2011 esa cifra se redujo hasta las 457 sociedades. No señala cuántos de ellos eran españoles. Mientras, en Europa del Este (fuera de la UE e incluida Turquía) trabajaba con 130 proveedores.

Si no podemos alcanzar el cielo descenderemos al infierno

Si no podemos alcanzar el cielo, descenderemos al infierno

En cuanto a África y América su volumen de producción es menos relevante. En el continente africano cuenta con 122 proveedores, mientras que en toda América trabaja con 64 empresas. La compañía presidida por Pablo Isla justifica esta distribución por la necesidad de abastecerse en “áreas de proximidad a las sedes de sus cadenas, donde se encuentran los equipos de diseño y logística, lo que permite una rápida y flexible repuesta al mercado”.

Críticas por su falta de transparencia

Estos datos son insuficientes para las ONG que persiguen la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores textiles. “Falta transparencia, es una vieja demanda en el caso de Inditex, que no hace público el listado de proveedores, como sí hacen otras empresas textiles”, asegura Eva Kreisler, coordinadora estatal de la Campaña Ropa Limpia, coordinada por la ONG Setem, una de las organizaciones más críticas con el modelo de producción de Inditex.

El gigante español afirma que todas las empresas que trabajan para ella deben cumplir un código de conducta que la compañía supervisa a través de auditorías. “Aplicamos un política de tolerancia cero con determinadas prácticas, como puede ser el trabajo de menores, el trabajo forzado o el incumplimiento de políticas salariales adecuadas”, afirma Inditex. El año pasado realizó 2739 auditorías que, según la empresa, ponen de manifiesto que casi el 90% de sus proveedores cumplen su código de conducta o incumplen algún aspecto del mismo considerado “no relevante”.

Sin embargo, para Eva Kreisler, las medidas correctivas hacia los proveedores se producen casi siempre a posteriori. Por ejemplo, el año pasado, el Ministerio de Trabajo de Brasil denunció las condiciones laborales de una de las empresas subcontratadas por Inditex, donde detectó “deficiencias en las instalaciones que suponían un riesgo de salud y seguridad en el trabajo e irregularidades en el registro laboral de sus empleados”, según asume la propia compañía. El proveedor aseguró entonces que Inditex era ajeno a las irregularidades en la subcontratación. La dueña de Zara cerró el asunto a través de un acuerdo con el Gobierno brasileño para financiar a ONG locales que amplíe la supervisión de las fábricas subcontratadas en ese país.

También hay pasos en la buena dirección. En mayo de este año, Inditex llegó a un acuerdo con la Federación Internacional de Trabajadores del Sector Textil (ahora rebautizada como IndustriALL) con el objetivo de reforzar el control de su cadena de producción y reconocer la libertad sindical de sus proveedores directos y subcontratados.

Los incendios de Bangladesh han vuelto a poner sobre la mesa el trabajo aún pendiente. En ese país, las mejoras pasan por un proyecto de reforma estructural de la industrial textil para mejorar las condiciones laborales de forma consensuada entre fabricantes y multinacionales. El proyecto, impulsado por laCampaña Ropa Limpia, cuenta con el respaldo de los sindicatos pero requiere el apoyo de, al menos, cuatro de las grandes empresas textiles que producen en el país.

Por el momento, sólo lo han respaldado la alemana Tchivo y la estadounidense PVH, matriz de Calvin Klein y Tommy Hilfiger. Inditex no valora esta propuesta. Asegura que ya trabaja con asociaciones locales que tratan de mejorar los derechos de los trabajadores y que, por ejemplo, el año pasado visitó y formó a 116 fabricantes locales. También el año pasado finalizó el pago de indemnizaciones por el accidente ocurrido en 2005 en una fábrica bangladesí llamada Spectrum Garments, cuyo derrumbe provocó más de 60 muertos y que, entre otras compañías, fabricaba para Inditex.

Fuente: eldiario. es (http://www.eldiario.es/economia/Asia-gran-fabrica-Inditex_0_73843124.html)

WalMart: el negocio de la pobreza

Alimentándose de la pobreza

¿El capital no es un depredador de la pobreza?

En los almacenes, mientras descargaba camiones a las cuatro de la madrugada, podía leer los carteles de “perritos calientes gratis si conseguimos 15 días sin accidentes, pizza si son 30, el sorteo de una Xbox 360 si son 90 días, una tele de plasma si son 120 días”. A pesar de las estratagemas para evitar denuncias por accidente laboral, nunca vi que el contador de “días sin accidentes” pasara de 12.

Mis compañeras de trabajo, como la abuela que se abrió la cabeza al caerse de una estantería y sigue trabajando el turno de madrugada con 65 años, la licenciada con máster, pluriempleada para conseguir tres sueldos mínimos con los que pagar su préstamo universitario, también la cajera que era ingeniera ambiental en su país, el casi septuagenario que carga sacos de abono en furgonetas, o la veinteañera en bancarrota que apenas puede pagar las facturas y no tiene para comer, forman parte de los casi dos millones de personas que trabajan para Walmart en Norteamérica.

En los Estados Unidos, el 1% de la población activa, en su mayoría mujeres y minorías raciales, trabaja en este gigante de los grandes almacenes, y los associates (trabajadores, en la jerga interna de la empresa) venden alimentación, ropa, electrodomésticos, muebles, productos de jardinería, óptica, servicios de reparación de automóviles, peluquería, incluso armamento y munición.

Mientras la familia Walton, heredera del fundador de la empresa, acumula un patrimonio de casi 150000 millones de dólares, Walmart suele despertar reacciones clasistas en el imaginario norteamericano. El 18% de los food stamps (subsidios estadounidenses para alimentación) se gasta allí. La compañía es sinónimo de una pobreza ridícula, ya sea de sus trabajadores o sus clientes; no en vano una de las páginas web más populares en Estados Unidos es People Of Walmart, una recopilación de fotografías de clientes “pintorescos” objeto de burla a causa de su sobrepeso o su “falta de clase” al vestir.

La quimera del ‘asociado’

Desde el primer día en el que me convertí en un associate, recibí un continuo torrente de propaganda: se nos intenta convencer para cobrar parte del sueldo en acciones de la empresa, lo que reduce la ya ínfima nómina mientras engorda el valor bursátil de la compañía. Se habla de muchos posibles bonus en caso de cumplir objetivos de productividad inalcanzables en la práctica, pero que crean la ilusión de que el responsable de que su sueldo sea tan bajo es siempre del propio trabajador y no de la compañía.

A pesar de la diversidad de labores que puede realizar un associate, el periodo de formación, que dura casi una semana, apenas entrena para ninguna tarea específica. Unas animaciones de ordenador transmiten mensajes simples, fáciles de entender para aquellos cuyo inglés o sus habilidades lectoras no son fluidas. En el modelo que Walmart ha perfeccionado, en el que se contrata y se despide automáticamente según las ventas suban o bajen, no cabe ningún tipo de especialización del trabajo.

Estas animaciones de ‘formación’, por ejemplo, nos dicen que denunciar accidentes laborales supondría incómodos trámites que no convienen a nadie, y que será mejor para todos si volvemos al trabajo porque así nos seguirán pagando. Los trabajadores, una inmensa mayoría de ellos a tiempo parcial, somos a menudo chantajeados con la promesa de trabajar horas ‘extra’ no declaradas. Gracias a esta estratagema, muy pocos associates tienen los escasos derechos que otorga el estatus de trabajador a tiempo completo en las legislaciones de Estados Unidos o Canadá.

Terreno vedado a la lucha sindical

En Walmart no hay lugar para los sindicatos, y las leyes se lo permiten. La empresa, que gasta millones de dólares en donaciones políticas, mantiene buenas relaciones con cualquier tipo de gobierno; líderes como Barack Obama o Cristina Fernández de Kirchner han hecho declaraciones elogiando a la compañía. Las prácticas antisindicales han hecho que no haya trabajadores sindicados de Walmart en toda Norteamérica. Además, la comunicación interna de la compañía ha sofisticado los canales para la delación entre los propios empleados. El periodista Hamilton Nolan cita el caso de una trabajadora despedida cuando su jefe la oyó hablar de una reunión familiar; la palabra reunión es demasiado similar a union, sindicato en inglés.

Cuando los carniceros de un Walmart de Texas decidieron organizarse en un sindicato, la empresa decidió prescindir de todos sus charcuteros en todo el planeta, y pasar a vender únicamente carne empaquetada en bandejas. Cuando los trabajadores del hipermercado de Jonquiere, en Québec, se organizaron, Walmart no dudó en cerrar, despedir a todos los trabajadores y abandonar ese pueblo.

Documentales como The High Cost of Low Price muestran el efecto devastador sobre la economía de las zonas donde Walmart desembarca. Instalándose en las afueras de las ciudades, con costes laborales mínimos y con una política de precios diseñada para eliminar a su competencia, destruye muchos más puestos de trabajo que los muy precarios empleos que crea.

Walmart es la segunda empresa del mundo con más beneficios, sólo superada por Exxon Mobil, y, si se cumplen los pronósticos y Hillary Clinton llega a la Casa Blanca en 2016, la empresa habrá conseguido colocar en la presidencia de los Estados Unidos a una antigua lobbista y miembro de su Consejo de Administración; para entonces, miles de associates seguirán reponiendo los estantes de alimentación mientras no pueden permitirse tres comidas diarias, y para la familia Walton, la creación de pobreza seguirá siendo un excelente negocio.

por Alberto Maestre, que ha sido trabajador de WalMart.

I, too, am America

Todos somos de clase media

Todos somos de clase media

“Fast food, fast life, tiempo ajeno, no-vida (…) Fast food, fast life, no puede haber miedo a la muerte cuando todavía no se ha vivido”. Un océano y quince años les separan, pero los versos de la canción Coge el sentido, incluida en el tercer disco de Hechos contra el Decoro (Línea de fuga, publicado por Esan Ozenki en 2000), resuenan poderosamente en las imágenes de la exposición I, too, am America (Yo, también, soy América).

No es una muestra más de fotografía. Lo que ofrece son retratos de la vida diaria de trabajadoras y trabajadores de cadenas de comida rápida en Estados Unidos, la mayoría de origen latino o asiático. Tomadas con sus teléfonos móviles, estas imágenes manifiestan con crudeza y realismo lo que supone vivir la pesadilla americana para quienes habitan en la tierra de las oportunidades y la libertad.

“Cuanta más gente proteste para conseguir mejores sueldos y poder tener un sindicato, más cerca estaremos de lograrlo”Es decir, lo que la ensayista Barbara Ehrenreich experimentó en carne propia en 2002, cuando decidió conocer de primera mano lo que es vivir con las condiciones laborales de las clases pobres en su país, que recogería en Por cuatro duros.

Dobles jornadas de hasta quince horas diarias para poder alimentar a tres hijos, neveras vacías en un apartamento en el que se hacinan nueve personas en torno a una televisión  o tres generaciones compartiendo cama en una habitación son algunas de las estampas que se pueden ver en la exposición.

Organizada por el colectivo Stand Up KC en Kansas City, visible hasta el 31 de mayo en la galería Talk Shop, la muestra se inserta en el marco de Fight for 15$, un movimiento de protesta por todo el país que persigue elevar el salario que se cobra por hora en los restaurantes de comida rápida y también que sus trabajadores puedan afiliarse a un sindicato o formar uno.

Osmara es una de ellas. Lleva ocho meses trabajando en un establecimiento de comida rápida y tiene una hija de cuatro años. El 4 de diciembre de 2014 hizo huelga por primera vez en su vida. “Sabemos que para ganar necesitamos estar juntos blancos, negros y latinos. Cuanta más gente proteste para conseguir mejores sueldos y poder tener un sindicato, más cerca estaremos de lograrlo”, explica.

Desde marzo, los dieciséis trabajadores de estos establecimientos que participan en Stand Up KC han hecho fotos de su cotidianeidad, de su día a día, y también de algunas de las movilizaciones que están llevando a cabo. Con la ayuda del fotoperiodista Steve Hebert, que cubre las acciones de Fight for 15$, han dado forma a la exposición.      ​

Melinda es una madre soltera de tres hijos que ha trabajado en McDonalds durante diez años. Ha participado en dos huelgas y actos de desobediencia civil. “Cuando cobro la nómina, tengo que elegir si con ella voy a pagar el gas o la luz. Merecemos poder pagar las facturas con nuestro trabajo. La razón por la que pedimos cobrar 15 dólares por hora es tener un salario aceptable para vivir”, resume.

En abril, más de 60000 personas participaron en manifestaciones por todo EE UU para exigir una mejora salarial, en una de las protestas laborales más importantes en la historia del país. En el ámbito local, un concejal de Kansas City introdujo en marzo una ordenanza para que el salario mínimo se vaya incrementando progresivamente hasta alcanzar los 15 dólares por hora en 2020. Sin embargo, el alcalde ha anunciado que ese plan viola leyes estatales.

Terrance tiene 34 años, tres hijas con su prometida y lleva diez años trabajando en Burger King. Ha hecho huelga seis veces. “Tenemos una larga lucha por delante, pero es una lucha por nuestros hijos, comunidades y país. Cuando nos juntamos, nos organizamos y actuamos podemos dar la vuelta al tema de los salarios y la desigualdad racial”.

MANIFIESTO CONTRA EL TRABAJO (XVII), 1999

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Tendremos que pensar qué hacer con nuestras vidas

17. Un programa de abolición contra los amantes del trabajo

«Pero es el trabajo en sí mismo, no sólo bajo las condiciones actuales, sino en la medida en que su fin es el mero aumento de la riqueza, es el trabajo en sí mismo, digo yo, el que es dañino, contraproducente; esto se sigue, sin que lo sepa el economista nacional (Adam Smith), de sus propios desarrollos.»

Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos, 1844

A los enemigos del trabajo se les reprochará que no son más que ilusos. La historia habría demostrado que una sociedad que no se base en los principios del trabajo, de la obligación de rendir, de la competencia de la economía de mercado y del interés individual no puede funcionar. ¿Acaso queréis afirmar, apologetas del estado de cosas dominante, que la producción de mercancías capitalista ha deparado realmente una vida aceptable, aunque sólo sea remotamente, para la mayoría de las personas? ¿Acaso llamáis «funcionar» al hecho de que sea precisamente el crecimiento brusco de las fuerzas productivas el que excluya a millones de seres humanos de la humanidad, teniendo que contentarse con sobrevivir en basureros? ¿Al hecho de que otros muchos millones sólo aguanten esta vida agitada bajo el dictado del trabajo, aislándose y quedándose solos, aturdiendo su espíritu sin placer alguno y enfermando física y psíquicamente? ¿Al hecho de que el mundo sea transformado en un desierto sólo para sacar más dinero del dinero? Pues bueno. Ésta es, de hecho, la manera en que vuestro grandioso sistema «funciona». ¡Pero nosotros nos negamos a realizar prestaciones semejantes!

«¿Acaso llamáis «funcionar» al hecho de que sea precisamente el crecimiento brusco de las fuerzas productivas el que excluya a millones de seres humanos de la humanidad, teniendo que contentarse con sobrevivir en basureros? […]Habéis olvidado y ocultado la masacre que ha sido necesaria para meter en la cabeza de la gente vuestra engañosa «ley natural» de que es verdaderamente una suerte estar «empleado», según determinaciones ajenas, y dejarse chupar la energía vital para el fin absoluto abstracto de vuestro ídolo sistema»

Vuestra autosatisfacción se basa en vuestra ignorancia y en la debilidad de vuestra memoria. La única justificación que encontráis para vuestros crímenes presentes y futuros es la situación del mundo, que es consecuencia de vuestros crímenes pasados. Habéis olvidado y ocultado la masacre que ha sido necesaria para meter en la cabeza de la gente vuestra engañosa «ley natural» de que es verdaderamente una suerte estar «empleado», según determinaciones ajenas, y dejarse chupar la energía vital para el fin absoluto abstracto de vuestro ídolo sistema.

«Queda abierto si el ocaso del trabajo traerá consigo la superación de la locura del trabajo o el final de la civilización.»

«Argüiréis que con la abolición de la propiedad privada y de la obligación de ganar dinero cesaría toda actividad y se extendería una pereza generalizada. ¿Acaso confesáis que todo vuestro sistema «natural» se basa en la pura imposición?»

Para que la humanidad estuviese en condiciones de interiorizar el dominio del trabajo y del interés propio tuvieron que ser exterminadas todas las instituciones de la autoorganización y de la cooperación autodeterminada de las antiguas sociedades agrarias. Quizá sea cierto que se hizo un trabajo redondo. No somos unos optimistas exagerados. No podemos saber si lograremos la liberación de esta existencia condicionada. Queda abierto si el ocaso del trabajo traerá consigo la superación de la locura del trabajo o el final de la civilización.

«(…) los adversarios del trabajo paralizarán primero, sin restitución alguna, todos los numerosos sectores productivos que sólo sirven para mantener, sin reparar en pérdidas, el fin absoluto absurdo del sistema de producción de mercancías. 

No estamos hablando sólo de sectores laborales claramente peligrosos para todos como la industria automovilística, armamentista y nuclear, sino también de la producción de aquellas numerosas prótesis del sentido y estúpidos objetos de entretenimiento, con los que se pretende simular un sustituto para la vida desperdiciada de las personas de trabajo»

No estamos hablando sólo de sectores laborales claramente peligrosos para todos como la industria automovilística, armamentista y nuclear, sino también de la producción de aquellas numerosas prótesis del sentido y estúpidos objetos de entretenimiento, con los que se pretende simular un sustituto para la vida desperdiciada de las personas de trabajo.

Argüiréis que con la abolición de la propiedad privada y de la obligación de ganar dinero cesaría toda actividad y se extendería una pereza generalizada. ¿Acaso confesáis que todo vuestro sistema «natural» se basa en la pura imposición? ¿Y que por eso os asusta la pereza como pecado mortal contrario al espíritu del ídolo trabajo? Los adversarios del trabajo, sin embargo, no tienen nada en contra de la pereza. Una de sus metas principales es volver a recrear la cultura del ocio que un día conocieron todas las culturas y que fue destruida para una forma de producir sin descanso y ajena a todo sentido.Por eso, los adversarios del trabajo paralizarán primero, sin restitución alguna, todos los numerosos sectores productivos que sólo sirven para mantener, sin reparar en pérdidas, el fin absoluto absurdo del sistema de producción de mercancías.

«Calculad, con tranquilidad, cuánto tiempo de vida se roba diariamente la humanidad a sí misma sólo para acumular «trabajo muerto», administrar a la gente y mantener engrasado el sistema dominante. Cuánto tiempo podríamos pasar tomando el sol en vez de desollarnos por cosas sobre cuyo carácter grotesco, represivo y destructor ya se han escrito bibliotecas enteras. No tengáis miedo.»

No estamos hablando sólo de sectores laborales claramente peligrosos para todos como la industria automovilística, armamentista y nuclear, sino también de la producción de aquellas numerosas prótesis del sentido y estúpidos objetos de entretenimiento, con los que se pretende simular un sustituto para la vida desperdiciada de las personas de trabajo. También desaparecerá esa cantidad enorme de actividades que sólo existen porque las masas de productos tienen que hacerse pasar a la fuerza por el aro de la forma dinero y la mediación del mercado. ¿O acaso pensáis que los contables y tasadores, los especialistas en marketing y los vendedores, los representantes y los redactores de páginas publicitarias van a ser necesarios cuando las cosas se elaboren según la necesidad y cada uno tome lo que le haga falta? ¿Y para qué va a seguir habiendo funcionarios de Hacienda y policías, asistentes sociales y administradores de la pobreza, si ya no se va a tener que defender la propiedad privada ni administrar la miseria social y a nadie se le va a obligar a aceptar las imposiciones enajenadas del sistema?

Ya oímos los gritos de indignación: ¡tantos puestos de trabajo! Pues claro que sí. Calculad, con tranquilidad, cuánto tiempo de vida se roba diariamente la humanidad a sí misma sólo para acumular «trabajo muerto», administrar a la gente y mantener engrasado el sistema dominante. Cuánto tiempo podríamos pasar tomando el sol en vez de desollarnos por cosas sobre cuyo carácter grotesco, represivo y destructor ya se han escrito bibliotecas enteras. No tengáis miedo. De ninguna manera cesará toda actividad cuando desaparezcan las imposiciones del trabajo. Lo que sí es cierto es que toda actividad cambia su carácter, cuando ya no se ve encasillada en la esfera sin sentido y autofinalista de tiempos en cadena abstractos, sino que puede seguir su propia medida de tiempo individualmente variable y está integrada en contextos de vida personales; cuando son las propias personas las que determinan el transcurso también respecto a las grandes formas organizativas de producción, en vez de verse determinadas por el dictado de la explotación de la economía de empresa. ¿Por qué dejarse acosar por las exigencias insolentes de una competencia impuesta? Lo que hay que hacer es redescubrir la lentitud.

No desaparecerán, por supuesto, tampoco las actividades domésticas ni del cuidado de las personas que la sociedad del trabajo ha hecho invisibles, ha separado y definido como «femeninas». Se puede automatizar tan poco la preparación de la comida como el cambio de pañales a un bebé. Cuando se supere, junto al trabajo, la separación de las esferas sociales, estas actividades necesarias podrán aparecer a la luz de una organización social consciente más allá de las prescripciones de genero. Perderán su carácter represivo en tanto que no supondrán la subordinación de unas personas a otras y serán realizadas, según las circunstancias y las necesidades, por igual tanto por hombres como por mujeres.

«No decimos que, de esta manera, toda actividad se va a convertir en un placer. Unas más y otras menos. Por supuesto que siempre habrá cosas necesarias que hacer. ¿Pero a quién le va a asustar esto, siempre que no te consuma la vida? Y siempre habrá muchas más cosas que se podrán hacer por decisión libre. Ya que la actividad es una necesidad igual que el ocio. Ni siquiera el trabajo ha sido capaz de acabar del todo con esa necesidad, sino que la ha instrumentalizado para sí y la ha succionado hasta el agotamiento como un vampiro.»

No decimos que, de esta manera, toda actividad se va a convertir en un placer. Unas más y otras menos. Por supuesto que siempre habrá cosas necesarias que hacer. ¿Pero a quién le va a asustar esto, siempre que no te consuma la vida? Y siempre habrá muchas más cosas que se podrán hacer por decisión libre. Ya que la actividad es una necesidad igual que el ocio. Ni siquiera el trabajo ha sido capaz de acabar del todo con esa necesidad, sino que la ha instrumentalizado para sí y la ha succionado hasta el agotamiento como un vampiro.

Los adversarios del trabajo no son ni fanáticos de una activismo ciego ni mucho menos de un no-hacer ciego. Tiene que conseguirse que ocio, tareas necesarias y actividades elegidas libremente guarden una proporción razonable entre sí, que se rija por las necesidades y las circunstancias vitales. Una vez sustraídas a las imposiciones objetivas capitalistas del trabajo, las modernas fuerzas de producción podrán incrementar enormemente el tiempo libre disponible para toda la gente. ¿Para qué pasar tanto tiempo en fábricas y oficinas, cuando autómatas de todas clases pueden hacer buena parte de esas actividades por nosotros? ¿Para qué hacer sudar a cientos de cuerpos humanos, cuando bastan unas pocas segadoras? ¿Para que malgastar ingenio en una rutina que también puede hacer un ordenador sin más?

«Los adversarios del trabajo no son ni fanáticos de una activismo ciego ni mucho menos de un no-hacer ciego. […] ¿Para qué pasar tanto tiempo en fábricas y oficinas, cuando autómatas de todas clases pueden hacer buena parte de esas actividades por nosotros? […]  En todo caso, para estos fines sólo se podrá aprovechar una parte mínima de la técnica en su forma capitalista. A la mayor parte de los agregados técnicos se le tendrá que dar una forma completamente nueva, puesto que fueron construidos según los criterios obtusos de la rentabilidad abstracta.»

En todo caso, para estos fines sólo se podrá aprovechar una parte mínima de la técnica en su forma capitalista. A la mayor parte de los agregados técnicos se le tendrá que dar una forma completamente nueva, puesto que fueron construidos según los criterios obtusos de la rentabilidad abstracta. Por otro lado, por esta misma razón, no se han llegado a desarrollar muchas posibilidades técnicas. Aunque la energía solar se puede obtener en cualquier rincón, la sociedad del trabajo trae al mundo centrales eléctricas centralizadas y peligrosas. Y aunque se conocen desde hace mucho tiempo métodos inocuos para la producción agraria, el cálculo pecuniario vierte miles de venenos en el agua, destruye los suelos y contamina el aire. Por razones puramente económicas, se le hacen dar tres vueltas al globo a materiales de construcción y alimentos, aunque la mayoría de las cosas se podrían producir fácilmente a nivel local sin grandes rutas de transporte. Una parte considerable de la técnica capitalista es tan absurda e innecesaria como el gasto de energía humana que conlleva.

Con todo esto no os estamos diciendo nada nuevo. Y, a pesar de todo, no vais a sacar consecuencias de lo que ya sabéis muy bien por vosotros mismos. Pues os negáis a tomar una decisión consciente sobre qué medios de producción, transporte y comunicación tiene sentido emplear y cuáles son perjudiciales o sencillamente innecesarios. Cuanto más agitadamente soltáis vuestra letanía de la libertad democrática, con tanta más obstinación rechazáis la libertad de decisión social más elemental, porque queréis seguir sirviendo al cadáver dominante del trabajo y sus pseudo-«leyes naturales».