¿Es posible una acción política partiendo de la teoría del valor-trabajo?

Con la expresión acción política me refiero a la posibilidad de hacer germinar en la población una crítica a la sociedad del trabajo y de las mercancías capaz de derivar en formas de organización y participación política antagónicas (movimientos sociales, grupos de acción directa, etc.). Descarto entre las formas de organización política la de los partidos, aun bajo la falsa dicotomía que se establece ahora entre “viejos” y “nuevos”, pues en ambos la jerarquización y la aspiración a la gobernabilidad de lo dado imposibilitan una crítica radical desde su seno.

La cuestión es por tanto saber si estamos preparados para superar el fetichismo de la mercancía y subvertir la idea de trabajo como eje organizativo de la sociedad, del tiempo y de la vida.

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En Baltimore, Maryland, EEUU

Son tres las preguntas que resumen esta incertidumbre:

– ¿Las condiciones actuales de crisis del capitalismo facilitan la difusión y el desarrollo de las ideas de la teoría del valor-trabajo?

– ¿Cómo superar la psicologización que implica la teoría del fetichismo de las mercancías?

– ¿Somos capaces de imaginar otras formas de relación social, de diseñar aunque sea mentalmente sociedades post-capitalistas sin la dominación del trabajo abstracto y de las mercancías?

Con respecto a la primera pregunta creo que la crisis del capitalismo no ha traído consigo condiciones más apropiadas para la difusión y asimilación de la crítica radical que supone la teoría del valor-trabajo. Como hemos visto en los textos de diversos autores, la reacción más generalizada a la crisis del capital (o a su agonía en forma de turbo capitalismo) ha sido la de apelar al keynesianismo. Se ha optado por rescatar el papel del Estado como regulador económico y social, como si este no fuera un elemento más del capitalismo en su forma actual, u obviando que es uno de los instrumentos o subterfugios más empleados por los neoliberales. Y resulta cada vez más evidente que el capitalismo de Estado es otra de las múltiples caras de la sociedad de las mercancías.

La crisis del capital tampoco ha generado las condiciones necesarias para una “suspensión del juicio” con respecto al concepto de trabajo. La precarización de las condiciones de trabajo y la precarización del tiempo de vida (tiempo de vida que destinamos a comprar mercancías o a optimizarnos como otra mercancía más) parecen más bien suponer un acicate en la carrera frenética hacia mejores posiciones en el mundo del capital. Somos precarios en el trabajo, por lo que seguro que tarde o temprano nuestra situación puede o debe mejorar (como una especie de promesa religiosa).

Por otro lado, los desempleados, los incapacitados, los marginados (drogodependientes, presos, enfermos mentales), no se encuentran en situación de realizar una crítica del trabajo, por ser constantemente desplazados a la condición de cuasi-sujetos (en tanto que no se pueden relacionar con mercancías o como mercancías, no tienen cabida en nuestra sociedad, les falta algo).

Así pues, el hechizo persiste, y unos y otros aspiran solo a subir un escalón más en la sociedad de las mercancías: los desempleados a tener un trabajo, por precario que sea, para poder sobrevivir; los asalariados a mejorar sus condiciones laborales, su capacidad adquisitiva y tal vez llegar a formar parte alguna vez del grupo de los deseados “emprendedores”. A esto se le añade el brebaje del endeudamiento y ya se tienen listos todos los componentes para la inacción política.

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Dar el salto

¿Esperamos entonces a una transformación que parta del individuo?

Lo que me lleva a la segunda pregunta que planteé: cómo superar la psicologización que supone la teoría del fetichismo de las mercancías. Si bien la sociedad de las mercancías está basada en un tipo peculiar de relaciones sociales (las relaciones de los productores asumen la forma de una relación social entre los productos del trabajo), no es menos cierto que también responde a un modo subjetivo, cultural o aprehendido, de concebir la realidad. Esto es, mi mirada, aunque sea crítica, proviene de un sujeto que nace y crece en la sociedad de las mercancías. ¿Qué opción tengo entonces para reaccionar contra esta forma de sociedad? ¿Convertirme en un flaneur en la ciudad o en el campo aislarme como un ermitaño? ¿Cómo no sospechar de mí siempre, dado que soy un producto de la sociedad capitalista?

De esta sospecha se desprende que la labor de imaginar una sociedad post-mercancías no pasa de ser “política-ficción”. Consuela saber que el capitalismo no es una forma inmanente o ahistórica, pero concebir salidas colectivas a la sociedad de las mercancías se hace difícil. ¿Hay que comenzar por una huida individual o grupal hacia delante o hacia un lado? ¿Aprovechar los acontecimientos para desatar en cadena otros tantos que pongan en peligro o cuestionen la sociedad de las mercancías (acontecimientos en el sentido de Badiou o Lazzarato)? ¿Es posible encontrar formas de acción política que no acaben subsumidas o desactivadas por la maquinaria capitalista?

Al menos la crítica radical que representa la teoría del valor-trabajo no puede ser fagocitada por el sistema capitalista, por lo que su desarrollo teórico junto a la incorporación de los nuevos antagonismos, resulta indispensable para pasar de la política-ficción a una política-acción contra el trabajo y la valorización del valor.

Cristina Ventura

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SEXTA Y ÚLTIMA SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO 2015-16

Siempre elijo el lado equivocado del capitalismo

Siempre elijo el lado equivocado del capitalismo

Os esperamos para la próxima sesión, la Sexta y última, que será el jueves día 9 de Junio, de 5 a 19:30 de la tarde, con un descanso intermedio, en la Librería Enclave de la calle Relatores, 26.  con una nueva temática, La descomposición de la esfera de la política y Conclusiones del seminario – Políticas ficticias en la época del “capital ficticio”.

Fundamentalmente, trabajaremos sobre dos textos de Robert Kurz, “El fin de la política. Tesis sobre la crisis del sistema de regulación de la forma de la mercancía“, de 1994, y “Antieconomía y antipolítica. Sobre la reformulación de la emancipación social después del fin del «marxismo»“, de 1997. Ambos son textos muy valiosos para pensar la política en relación a la sociedad del valor.

Como ya os hemos indicado en otras ocasiones, los textos, con ocasión de este Seminario, han sido reunidos en dos libros que ponemos a disposición de los asistentes al Seminario o de personas interesadas en los temas que tratamos, y que podrán encontrar en la misma librería donde lo celebramos. En esta ocasión trabajaremos sobre todo con textos de Robert Kurz, como acabamos de indicar, cuya lectura os recomendamos con mucho interés.

2015-16 6ª SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO: 2015-16: La descomposición de la esfera de la política y Conclusiones del seminario Políticas ficticias en la época del “capital ficticio”

 

De la Teoría crítica frankfurtiana a la Teoría Crítica del Valor-Trabajo

SESIÓN EN FUNDACION INVESTIGACIONES MARXISTAS

Santiago Mercado, a la izquierda en la imagen, y Mario Domínguez, a la derecha

SESIÓN EN FUNDACION INVESTIGACIONES MARXISTAS [12052016]

Nuestra intervención va a partir de la utilización de un conjunto de conceptos de El Capital, las “categorías básicas” (mercancía, trabajo, valor, dinero) según una serie amplia de autores, cuyo uso procede de un intento de superar o enfrentar, por una parte, el estado de postración de la teoría marxista clásica, y, por otra, las insuficiencias de una comprensión tradicional del pensamiento marxista, presente en tantos movimientos autodenominados socialistas o incluso en las políticas de los llamados “países del socialismo real”. En esta ocasión deseamos exclusivamente ofrecer una breve introducción al pensamiento y conocimiento de lo que denominamos Teoría Crítica del Valor-Trabajo, que, como su nombre indica, no pretende ser sino una variante o continuación de lo que Marx denomina Crítica de la Economía Política, con la que subtitula su obra principal, el Capital. Sigue leyendo

2015-16 SEMINARIO 3ª SESIÓN: La dinámica del tiempo y del valor bajo el capitalismo ¿Podemos concebir el tiempo sin relacionarlo con el trabajo? El mundo es demasiado rico para el capitalismo

Os anunciamos la celebración de esta tercera sesión, que será el jueves día 5 de Mayo, de 5 a 19:30 de la tarde, con un descanso intermedio, en la Librería Enclave de la calle Relatores, 26. En este caso, sobre la temática expuesta en el título, “La dinámica del tiempo y del valor bajo el capitalismo ¿Podemos concebir el tiempo sin relacionarlo con el trabajo? El mundo es demasiado rico para el capitalismo“

No tengo tiempo para nada

2015-16 SEMINARIO 3ª SESIÓN: La dinámica del tiempo y del valor bajo el capitalismo ¿Podemos concebir el tiempo sin relacionarlo con el trabajo? El mundo es demasiado rico para el capitalismo

2015-16 SEMINARIO (PROGRAMA SEMINARIO 2015-16)

La descomposición del capitalismo y de su esfera política

[A partir de obras de los grupos Krisis y Exit! y otros]

Seminario de Teoría crítica del Valor-Trabajo 2015-2016

 

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Seguro que sin capitalismo encontramos algo en lo que emplear nuestro tiempo

  • Relatores: Santiago Mercado y Mario Domínguez
  • Estructurado en seis sesiones en día jueves.
  • Duración del 31 de marzo al 9 de junio. Sesiones de 17:00 a 19:30.
  • Una aportación voluntaria de 5€ por cada sesión para contribuir a los costes de la librería
  • Materiales de trabajo
  • Lugar de celebración: Librería Enclave de Libros, c/ Relatores, 16, 28012, Madrid, Tf.: 913694649

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Enfermeros en Alemania: explotación o multa

la multa me mata

Hace dos años que Natalia Sierra, una joven de 24 años recién diplomada en enfermería, vio una oferta en internet en la que se ofrecía trabajo a enfermeras y enfermeros en Alemania. Decidió probar suerte y envió su currículum. Tras una entrevista grupal y otra individual, partió rumbo a la capital germana. El motivo que propició que emigrase sin ni siquiera haber trabajado antes en Madrid, su ciudad natal, fueron las buenas condiciones que, aparentemente, se les ofrecían en este trabajo. Los seis primeros meses asistirían a un curso intensivo y cobrarían como practicantes (mucho menos del sueldo normal), hasta que, una vez alcanzado el nivel B2 de alemán, pasarían a cobrar sueldo estipulado y desempeñarían su trabajo en las mismas condiciones que las enfermeras y enfermeros alemanes. Pero lo que no sabían es que de la teoría a la realidad distaban un par de cláusulas abusivas en sus contratos.

Al ofrecerles el puesto de trabajo se les comentaba que deberían permanecer en él un mínimo de dos años, pero si por el contrario querían abandonarlo antes de ese tiempo, deberían abonar una multa que oscilaba entre los 6.000 y los 10.000 euros. Como, aparentemente, las condiciones eran bastante favorables, firmaron los contratos, ya que las posibilidades de encontrar un trabajo que permitiese su emancipación en lugares como Madrid eran limitadas debido principalmente a la precarización de la sanidad. Es así como muchas empresas alemanas reclutan a enfermeras y enfermeros de todo el Estado. Tras llegar allí y superar el examen de alemán a los seis meses, muchos se dan cuenta de que sus condiciones salariales no son equiparables a las de los trabajadores alemanes. Estas diferencias no se producen únicamente en el salario, sino también en las horas trabajadas y en la elección de destinos. Diversos programas atraen a miles de emigrados cada año, como el llamado “Work & Travel”, en el que tenían que viajar por Alemania para visitar a pacientes y por el que no cobraban un salario adecuado a su dedicación.

Cada mes trabajado, la penalización por irse disminuía en unos 400 euros, según el caso. Tras darse cuenta de que se estaba produciendo este abuso, un grupo de enfermeros, entre los que se encontraba Natalia, decidieron acudir a la Oficina Precaria del 15M de Berlín. Este colectivo creó el año pasado el Grupo de Acción Sindical (GAS), a raíz de observar que se está produciendo un dumping salarial utilizando a trabajadores del sur de Europa que cobran salarios inferiores a los de las personas autóctonas y que son utilizados para rebajar las condiciones laborales de los propios alemanes, ya que en ocasiones a éstos se les exige trabajar más horas o por un salario menor si no quieren que sus puestos de trabajo los ocupen españoles, griegos o italianos. El Grupo de Acción Sindical se dedica a ayudar a los trabajadores de cualquier procedencia a organizarse y a presentarse a las elecciones del comité de su empresa para, desde ahí, poder presionar para que mejore su situación laboral. También se elabora una tabla con reivindicaciones como la eliminación de la multa, mismo salario para el mismo trabajo, descanso entre turnos o la especificación de sus competencias.

“En nuestro caso, la empresa reaccionó suprimiendo la contratación de personas procedentes del sur de Europa y sustituyéndolas por migrantes del Este. Al no tener mejoras en cuanto a salario y multa, algunos decidimos romper el contrato, cuenta Natalia. Los que se organizaron pudieron librarse de la multa. Pero esto no resultó tan fácil para todos, ya que hay enfermeras y enfermeros que han tenido que quedarse en la empresa hasta que la multa esté totalmente pagada, bajo amenaza de iniciar acciones legales contra ellos. En teoría esta penalización económica es debida a los gastos del curso de alemán o la vivienda que se les proporcionaba al llegar a Alemania, pero no se especificaba con ningún tipo de facturas la cantidad, que además variaba de unos trabajadores a otros, y se ha descubierto que algunas empresas se servían de fondos europeos para financiar estos cursos de alemán.

Desde el Grupo de Acción Sindical (GAS) han observado que estos “contratos mordaza” se están empezando a dar en más empresas de enfermería y también en otras de sectores diferentes, como el de los transportes. Por ello decidieron poner en marcha hace algunos meses la campaña “La multa me mata”, que viene detallada en su web. Su principal difusión están siendo las redes sociales. Mayte Marín forma parte del Grupo de Acción Sindical y explica que “se da una imagen errónea de lo que es Alemania. Parece que hay mucho trabajo y de calidad, pero no siempre es así. Nos gustaría denunciar públicamente este problema en Alemania y en España. Son muchas las instituciones que colaboran o participan de estos programas que mandan enfermeros a trabajar fuera y que no saben, o no quieren saber, las condiciones reales en las que se encuentran. Además, cuando estas personas tienen problemas en su trabajo y acuden a la embajada a pedir ayuda, a veces no se les ofrece, en ocasiones porque desconocen el tema. Con esto también conseguiremos crear una red de apoyo para los trabajadores extranjeros en el sector”.

En el Grupo de Acción Sindical también tienen contacto con algunos sindicatos alemanes, que intentan asesorar a los trabajadores y disponen, para quienes se afilien, de un abogado gratuito que lleva sus casos. Es el caso de Ver.di, que cuenta con una sección dedicada al tema sanitario. Resulta también bastante habitual que las empresas prohíban a sus empleados hablar de sus sueldos con los compañeros de trabajo, produciéndose así un hermetismo difícil de romper, puesto que no se sabe si se cumplen los convenios colectivos del sector para todos los empleados.

A pesar de que existen ciertos contratos abusivos, otros como José Salvador Moreno, procedente de Cádiz, no se plantean volver de momento. “En mi ciudad aún el paro es de los más altos y llevo aquí tres años. Hablo ya bien alemán, así que no me resulta complicado encontrar otro trabajo de enfermero cuando no me gustan las condiciones que se me ofrecen”. Alemania es uno de los destinos preferidos por los profesionales sanitarios al acabar sus estudios, ya que tiene mucha demanda y en algunas ocasiones con condiciones mejores que las detalladas en este artículo. El nivel de preparación de las enfermeras y enfermeros españoles supera, con creces, al del ofrecido en Alemania, donde enfermería no es una carrera universitaria, sino una formación profesional de tres años y cuyas funciones principales se relegan a las de los cuidados.

 

MANIFIESTO CONTRA EL TRABAJO (XVII) y ÚLTIMO, 1999

Lo sabes, ¿no?

Lo sabes, ¿no?

18. La lucha contra el trabajo es antipolítica

«Nuestra vida es el asesinato por el trabajo. Hace 60 años que colgamos de la cuerda y pataleamos, pero nos vamos a soltar.»

Georg Büchner, La muerte de Danton, 1835

La superación del trabajo es cualquier cosa menos una utopía nebulosa. La sociedad mundial no puede continuar en su forma actual otros 50 ó 100 años. Que los adversarios del trabajo se tengan que enfrentar a un ídolo trabajo ya clínicamente muerto no hace necesariamente su tarea más fácil. Puesto que cuanto más se agrava la crisis de la sociedad del trabajo y todos los intentos de poner remedio acaban fracasando, más crece el abismo entre el aislamiento de las mónadas sociales desvalidas y las exigencias de un movimiento de apropiación de la totalidad de la sociedad. El salvajismo creciente de las relaciones sociales en muchas partes del mundo muestra que la antigua conciencia del trabajo y la competencia prosigue a niveles cada vez más ínfimos. La «descivilización» a trompicones, a pesar de todos los impulsos de un malestar en el capitalismo, parece ser la forma más natural de transcurrir la crisis.

«(…) cuanto más se agrava la crisis de la sociedad del trabajo y todos los intentos de poner remedio acaban fracasando, más crece el abismo entre el aislamiento de las mónadas sociales desvalidas y las exigencias de un movimiento de apropiación de la totalidad de la sociedad»

Justamente con unas perspectivas tan negativas, sería fatal posponer la crítica del trabajo como programa integral para el conjunto de la sociedad y limitarse a levantar una economía precaria de supervivencia sobre las ruinas de la sociedad del trabajo. La crítica del trabajo sólo tiene una oportunidad si se enfrenta a la corriente dessocializante, en vez de dejarse arrastrar por ella. Pero los estándares civilizatorios ya no se pueden defender con la política democrática, sino sólo contra ella.

«(…) los estándares civilizatorios ya no se pueden defender con la política democrática, sino sólo contra ella […] Es imposible rebelarse contra la enajenación de las propias potencias sociales sin enfrentarse al Estado.»

El que aspire a la apropiación y transformación emancipadora del contexto social entero, difícilmente podrá ignorar la instancia que ha organizado hasta ahora sus condiciones básicas. Es imposible rebelarse contra la enajenación de las propias potencias sociales sin enfrentarse al Estado. Puesto que el Estado no sólo administra más o menos la mitad de la riqueza social, sino que también asegura la subordinación forzosa de todos los potenciales sociales bajo el mandamiento de la explotación. Tan claro es que los adversarios del trabajo no pueden ignorar el Estado y la política, como lo es que con ellos no hay ningún Estado ni política que hacer.

Si el final de trabajo es el final de la política, entonces un movimiento político por la abolición del trabajo sería una contradicción en sí mismo. Los adversarios del trabajo le dirigen reclamaciones al Estado, pero no constituyen un partido político ni lo van a constituir. La meta de la política sólo puede ser conquistar el aparato de Estado para continuar con la sociedad del trabajo. Los adversarios del trabajo, en consecuencia, no quieren ocupar los centros de mando del poder, sino dejarlos fuera de servicio. Su lucha no es política, sino antipolítica.

“Si el final de trabajo es el final de la política, entonces un movimiento político por la abolición del trabajo sería una contradicción en sí mismo. Los adversarios del trabajo le dirigen reclamaciones al Estado, pero no constituyen un partido político ni lo van a constituir. […] Su lucha no es política, sino antipolítica.”

El Estado y la política de la Modernidad se encuentran inseparablemente entrelazados en el sistema coercitivo del trabajo, y es por eso que tienen que desaparecer los dos junto a éste. Las habladurías acerca de un renacimiento de la política son sólo el intento de reconducir la crítica del terror económico a una actuación que se pueda relacionar positivamente con el Estado. Pero autoorganización y autodeterminación son justamente lo contrario de Estado y política. La conquista de espacios socioeconómicos y culturales libres no se consumará tomando rodeos, sendas oficiales o desvíos políticos, sino mediante la constitución de una contrasociedad.

Libertad no significa ni dejarse machacar por el mercado ni administrar por el Estado, sino organizar según criterios propios las relaciones sociales sin intromisiones de aparatos enajenados. En ese sentido, los adversarios del trabajo lo que se proponen es encontrar nuevas formas de movilización social y de conquistar cabezas de puente para la reproducción de la vida más allá del trabajo. Lo que hay que hacer es combinar las formas de práctica contrasocial con el rechazo ofensivo del trabajo.

Por mucho que los poderes dominantes nos tachen de locos, porque nos arriesgamos a romper con su sistema irracional de imposiciones, nosotros no tenemos nada más que perder que la perspectiva de la catástrofe hacia la que nos conducen. ¡Tenemos un mundo más allá del trabajo que ganar!

“(…) autoorganización y autodeterminación son justamente lo contrario de Estado y política. La conquista de espacios socioeconómicos y culturales libres no se consumará tomando rodeos, sendas oficiales o desvíos políticos, sino mediante la constitución de una contrasociedad.”

¡Proletarios de todo el mundo, dejadlo ya!

Warren Buffett: La desigualdad social es una “consecuencia inevitable” del capitalismo

El trabajo os hará libres

El trabajo os hará libres

La gente tiene que dejar de culpar a los ricos por la desigualdad de ingresos en Estados Unidos, afirmó el tercer hombre más rico del mundo, el multimillonario Warren Buffett.

En un artículo publicado en ‘The Wall Street Journal’, Buffett, cuya fortuna se estima en más de 71.000 millones de dólares según la revista ‘Forbes’, asegura que “los pobres no son pobres porque los ricos son ricos”.

Citando el éxito de Henry Ford y de Steve Jobs como ejemplo de la innovación, el multimillonario estadounidense señala que los ricos no son indignos y que “la mayoría de ellos ha contribuido con innovaciones brillantes o experiencia administrativa” a la economía de EEUU.

Asimismo, Buffett afirma que el fenómeno de la desigualdad no puede ser resuelto con aumentos del salario mínimo o a través de métodos como la mejora de la calidad de educación.

Explicando los procesos socioeconómicos, Buffett escribió que la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor y es una “consecuencia inevitable” de la economía basada en el mercado.

No hay conspiración detrás de este hecho deprimente: los pobres no son pobres porque los ricos son ricos”, opina y enfatiza que los ricos se lo merecen.

Fuente: LibreRed (http://www.librered.net/?p=38822)

¿Asia es el último refugio del fordismo?

Podemos tener pobres en cualquier parte del mundo

En Bangladesh, 223000 personas trabajan indirectamente para Inditex. Es el mismo país donde hace sólo unos días fallecieron más de 100 trabajadores en el incendio de dos fábricas textiles. Esa tragedia ha vuelto a poner de relieve la falta de seguridad laboral en el segundo productor mundial de prendas textiles por detrás de China.

Inditex no desvela qué empresas trabajan para ella ni en Bangladesh ni en ningún otro país. No publica ni el nombre de sus proveedores, ni cuáles son las condiciones de sus trabajadores subcontratados. Pero basta un dato para comprobar la relevancia que Bangladesh tiene en su modelo de abastecimiento. La plantilla en nómina de la multinacional gallega era de 109000 empleados al cierre de 2011, prácticamente la mitad de personas que trabajan para ella en el país asiático. En Bangladesh, el salario medio de un trabajador textil es de 31 euros al mes, según han destacado los sindicatos locales tras el incendio del pasado sábado.

Para la empresa española dueña de Zara, Bershka o Massimo Dutti, su presencia en Asia es esencial, como lo es para el resto de multinacionales textiles como H&M, GAP o C&A. Todas aprovechan los bajos costes de producción en China, India, Pakistán o Camboya para poder mantener su competitividad y sus precios de venta lo más reducidos posibles, más aún en tiempos de crisis de consumo.

El 44,7% de los proveedores de Inditex son asiáticos. La empresa fundada por Amancio Ortega tiene en ese continente 625 de sus 1398 proveedores. Esas sociedades deben cumplir un requisito: elaborar para ella más de 20000 prendas anuales. En total, la cadena de suministro abarca más de 40 países. Se trata de proveedores a gran escala que, según señala la compañía, deben cumplir el código de conducta y los estándares de producción fijados desde la sede de Arteixo (A Coruña).

En su memoria anual, la matriz de Zara engloba sus proveedores por áreas geográficas (Asia, Unión Europea, Europa no comunitaria, América y África) y sólo detalla el número de trabajadores subcontratados en siete países: Bangladesh, China, India, Turquía, Marruecos, Brasil e India. En ellos trabaja a través de una figura denominada clúster. Se trata de un modelo de asociación integrado por proveedores, patronales y sindicatos con el objetivo de producir bajo estándares de producción “sostenibles” y cumpliendo “derechos laborales fundamentales”. Según un portavoz de la compañía, “el conjunto de los clústers representa casi el 90% de la producción total de Inditex”.

Gracias a estas asociaciones conocemos que en Bangladesh contaba a 31 de enero de 2012 (fecha en la que cierra su ejercicio) con 150 fabricantes, en China alcanzaba los 761, pero con menos trabajadores subcontratados, 166000. En India, los fabricantes que trabajan para la empresa española tienen 51600 empleados, cifra que se reduce a los 48000 tanto en Marruecos como en Turquía, a algo más de 15000 en Portugal y a cerca de 10000 en Brasil.

Menos fabricantes en la Unión Europea

Mientras Inditex trabaja cada vez más con empresas asiáticas reduce progresivamente el número de fabricantes dentro de la Unión Europea. En 2009, trabajaban para ella 512 proveedores que deben cumplir los estándares de fabricación comunitarios. A finales de 2011 esa cifra se redujo hasta las 457 sociedades. No señala cuántos de ellos eran españoles. Mientras, en Europa del Este (fuera de la UE e incluida Turquía) trabajaba con 130 proveedores.

Si no podemos alcanzar el cielo descenderemos al infierno

Si no podemos alcanzar el cielo, descenderemos al infierno

En cuanto a África y América su volumen de producción es menos relevante. En el continente africano cuenta con 122 proveedores, mientras que en toda América trabaja con 64 empresas. La compañía presidida por Pablo Isla justifica esta distribución por la necesidad de abastecerse en “áreas de proximidad a las sedes de sus cadenas, donde se encuentran los equipos de diseño y logística, lo que permite una rápida y flexible repuesta al mercado”.

Críticas por su falta de transparencia

Estos datos son insuficientes para las ONG que persiguen la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores textiles. “Falta transparencia, es una vieja demanda en el caso de Inditex, que no hace público el listado de proveedores, como sí hacen otras empresas textiles”, asegura Eva Kreisler, coordinadora estatal de la Campaña Ropa Limpia, coordinada por la ONG Setem, una de las organizaciones más críticas con el modelo de producción de Inditex.

El gigante español afirma que todas las empresas que trabajan para ella deben cumplir un código de conducta que la compañía supervisa a través de auditorías. “Aplicamos un política de tolerancia cero con determinadas prácticas, como puede ser el trabajo de menores, el trabajo forzado o el incumplimiento de políticas salariales adecuadas”, afirma Inditex. El año pasado realizó 2739 auditorías que, según la empresa, ponen de manifiesto que casi el 90% de sus proveedores cumplen su código de conducta o incumplen algún aspecto del mismo considerado “no relevante”.

Sin embargo, para Eva Kreisler, las medidas correctivas hacia los proveedores se producen casi siempre a posteriori. Por ejemplo, el año pasado, el Ministerio de Trabajo de Brasil denunció las condiciones laborales de una de las empresas subcontratadas por Inditex, donde detectó “deficiencias en las instalaciones que suponían un riesgo de salud y seguridad en el trabajo e irregularidades en el registro laboral de sus empleados”, según asume la propia compañía. El proveedor aseguró entonces que Inditex era ajeno a las irregularidades en la subcontratación. La dueña de Zara cerró el asunto a través de un acuerdo con el Gobierno brasileño para financiar a ONG locales que amplíe la supervisión de las fábricas subcontratadas en ese país.

También hay pasos en la buena dirección. En mayo de este año, Inditex llegó a un acuerdo con la Federación Internacional de Trabajadores del Sector Textil (ahora rebautizada como IndustriALL) con el objetivo de reforzar el control de su cadena de producción y reconocer la libertad sindical de sus proveedores directos y subcontratados.

Los incendios de Bangladesh han vuelto a poner sobre la mesa el trabajo aún pendiente. En ese país, las mejoras pasan por un proyecto de reforma estructural de la industrial textil para mejorar las condiciones laborales de forma consensuada entre fabricantes y multinacionales. El proyecto, impulsado por laCampaña Ropa Limpia, cuenta con el respaldo de los sindicatos pero requiere el apoyo de, al menos, cuatro de las grandes empresas textiles que producen en el país.

Por el momento, sólo lo han respaldado la alemana Tchivo y la estadounidense PVH, matriz de Calvin Klein y Tommy Hilfiger. Inditex no valora esta propuesta. Asegura que ya trabaja con asociaciones locales que tratan de mejorar los derechos de los trabajadores y que, por ejemplo, el año pasado visitó y formó a 116 fabricantes locales. También el año pasado finalizó el pago de indemnizaciones por el accidente ocurrido en 2005 en una fábrica bangladesí llamada Spectrum Garments, cuyo derrumbe provocó más de 60 muertos y que, entre otras compañías, fabricaba para Inditex.

Fuente: eldiario. es (http://www.eldiario.es/economia/Asia-gran-fabrica-Inditex_0_73843124.html)

WalMart: el negocio de la pobreza

Alimentándose de la pobreza

¿El capital no es un depredador de la pobreza?

En los almacenes, mientras descargaba camiones a las cuatro de la madrugada, podía leer los carteles de “perritos calientes gratis si conseguimos 15 días sin accidentes, pizza si son 30, el sorteo de una Xbox 360 si son 90 días, una tele de plasma si son 120 días”. A pesar de las estratagemas para evitar denuncias por accidente laboral, nunca vi que el contador de “días sin accidentes” pasara de 12.

Mis compañeras de trabajo, como la abuela que se abrió la cabeza al caerse de una estantería y sigue trabajando el turno de madrugada con 65 años, la licenciada con máster, pluriempleada para conseguir tres sueldos mínimos con los que pagar su préstamo universitario, también la cajera que era ingeniera ambiental en su país, el casi septuagenario que carga sacos de abono en furgonetas, o la veinteañera en bancarrota que apenas puede pagar las facturas y no tiene para comer, forman parte de los casi dos millones de personas que trabajan para Walmart en Norteamérica.

En los Estados Unidos, el 1% de la población activa, en su mayoría mujeres y minorías raciales, trabaja en este gigante de los grandes almacenes, y los associates (trabajadores, en la jerga interna de la empresa) venden alimentación, ropa, electrodomésticos, muebles, productos de jardinería, óptica, servicios de reparación de automóviles, peluquería, incluso armamento y munición.

Mientras la familia Walton, heredera del fundador de la empresa, acumula un patrimonio de casi 150000 millones de dólares, Walmart suele despertar reacciones clasistas en el imaginario norteamericano. El 18% de los food stamps (subsidios estadounidenses para alimentación) se gasta allí. La compañía es sinónimo de una pobreza ridícula, ya sea de sus trabajadores o sus clientes; no en vano una de las páginas web más populares en Estados Unidos es People Of Walmart, una recopilación de fotografías de clientes “pintorescos” objeto de burla a causa de su sobrepeso o su “falta de clase” al vestir.

La quimera del ‘asociado’

Desde el primer día en el que me convertí en un associate, recibí un continuo torrente de propaganda: se nos intenta convencer para cobrar parte del sueldo en acciones de la empresa, lo que reduce la ya ínfima nómina mientras engorda el valor bursátil de la compañía. Se habla de muchos posibles bonus en caso de cumplir objetivos de productividad inalcanzables en la práctica, pero que crean la ilusión de que el responsable de que su sueldo sea tan bajo es siempre del propio trabajador y no de la compañía.

A pesar de la diversidad de labores que puede realizar un associate, el periodo de formación, que dura casi una semana, apenas entrena para ninguna tarea específica. Unas animaciones de ordenador transmiten mensajes simples, fáciles de entender para aquellos cuyo inglés o sus habilidades lectoras no son fluidas. En el modelo que Walmart ha perfeccionado, en el que se contrata y se despide automáticamente según las ventas suban o bajen, no cabe ningún tipo de especialización del trabajo.

Estas animaciones de ‘formación’, por ejemplo, nos dicen que denunciar accidentes laborales supondría incómodos trámites que no convienen a nadie, y que será mejor para todos si volvemos al trabajo porque así nos seguirán pagando. Los trabajadores, una inmensa mayoría de ellos a tiempo parcial, somos a menudo chantajeados con la promesa de trabajar horas ‘extra’ no declaradas. Gracias a esta estratagema, muy pocos associates tienen los escasos derechos que otorga el estatus de trabajador a tiempo completo en las legislaciones de Estados Unidos o Canadá.

Terreno vedado a la lucha sindical

En Walmart no hay lugar para los sindicatos, y las leyes se lo permiten. La empresa, que gasta millones de dólares en donaciones políticas, mantiene buenas relaciones con cualquier tipo de gobierno; líderes como Barack Obama o Cristina Fernández de Kirchner han hecho declaraciones elogiando a la compañía. Las prácticas antisindicales han hecho que no haya trabajadores sindicados de Walmart en toda Norteamérica. Además, la comunicación interna de la compañía ha sofisticado los canales para la delación entre los propios empleados. El periodista Hamilton Nolan cita el caso de una trabajadora despedida cuando su jefe la oyó hablar de una reunión familiar; la palabra reunión es demasiado similar a union, sindicato en inglés.

Cuando los carniceros de un Walmart de Texas decidieron organizarse en un sindicato, la empresa decidió prescindir de todos sus charcuteros en todo el planeta, y pasar a vender únicamente carne empaquetada en bandejas. Cuando los trabajadores del hipermercado de Jonquiere, en Québec, se organizaron, Walmart no dudó en cerrar, despedir a todos los trabajadores y abandonar ese pueblo.

Documentales como The High Cost of Low Price muestran el efecto devastador sobre la economía de las zonas donde Walmart desembarca. Instalándose en las afueras de las ciudades, con costes laborales mínimos y con una política de precios diseñada para eliminar a su competencia, destruye muchos más puestos de trabajo que los muy precarios empleos que crea.

Walmart es la segunda empresa del mundo con más beneficios, sólo superada por Exxon Mobil, y, si se cumplen los pronósticos y Hillary Clinton llega a la Casa Blanca en 2016, la empresa habrá conseguido colocar en la presidencia de los Estados Unidos a una antigua lobbista y miembro de su Consejo de Administración; para entonces, miles de associates seguirán reponiendo los estantes de alimentación mientras no pueden permitirse tres comidas diarias, y para la familia Walton, la creación de pobreza seguirá siendo un excelente negocio.

por Alberto Maestre, que ha sido trabajador de WalMart.