Explotación severa en el corazón de Europa

Cuando es un juez quien dice “todo el mundo hace la vista gorda”, no cabe duda de que se ha detectado un problema grave que va más allá de un caso concreto. El contexto en el que un juez español lamentó la pasividad de las autoridades es la detección de talleres clandestinos de confección textil y el marco en el que aparece este lamento es el informe sobre Explotación Laboral Severa que la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales (FRA, por sus siglas en inglés) ha publicado el 2 de junio de 2014.

El sector textil, la construcción, los servicios de hostelería y la agricultura son las ocupaciones sobre las que este observatorio europeo ha alertado como nichos de explotación. La diferencia entre las legislaciones de los Estados europeos es el principal escollo para homogeneizar la persecución de la esclavitud laboral en el siglo XXI. La trata, esto es el comercio ilegal de personas con propósitos de esclavitud reproductiva, explotación sexual, trabajos forzados o extracción de órganos, aparece en el informe, que ha contado, en la mayoría de países europeos, con más dotaciones para detectar y perseguir esta forma de esclavitud laboral.

El miedo a que una denuncia se convierta en una orden de expulsión del país es la clave en muchos de los casos denunciados

La carta de Derechos Fundamentales de la UE, en sus artículos 5 y 31, establece la guía general, pero ésta se aplica de forma diferente entre aquellos países que sólo protegen a ciudadanos de terceros países, los que sólo garantizan los derechos de las personas migrantes sin papeles mediante la legislación penal –no a través de las leyes de trabajo– y los países que protegen también a los nacionales de la UE a través de la legislación laboral.

La dificultad para recoger los testimonios hace que el FRA no se aventure a dar una cifra de personas en esta situación y se remita a la consideración de la Organización Internacional del Trabajo de que tres de cada mil personas en el mundo han sufrido estas condiciones. En la UE, en los países con una legislación más garantista, han aflorado más casos que en aquellos en los que los marcos legales son más amplios o vagos.  En octubre, la campaña Used in Europe estimó en 800.000 las personas que sufren explotación laboral severa en Europa.

El pasado domingo 28 de marzo de 2010 cientos de personas se concentraron en la plaza de Jacinto Benavente de Madrid para exigir condiciones dignas para las trabajadoras domesticas. En la concentracion estuvieron presentes muchas empleadas domesticas y otras personas que las apoyan en su lucha. Despues de interpretar una obra de teatro en la que se denunciaba la situacion laboral de este colectivo, las personas congregadas marcharon en manifestacion hasta la Puerta del Sol donde se leyo un manifiesto.

Actuamos contra la explotación laboral…, esto es, todo “trabajo” bajo el capitalismo

Rumanos recolectando patatas en Hungría, bengalíes o pakistaníes recogiendo fruta en Grecia, portugueses construyendo carreteras en los Países Bajos o subsaharianas trabajando como au-pairs en Francia. La explotación tiene muchas caras pero constantes comunes: sueldos de menos de un euro la hora, jornadas de doce horas diarias durante seis o siete días seguidos, y, a menudo, un “hogar” en condiciones de inhabitabilidad a menudo atado al lugar de trabajo.

el principal factor personal de riesgo detectado ha sido el desconocimiento del idioma, el bajo nivel educativo y que los trabajadores proviniesen de situaciones de extrema pobreza

A pesar de que los sistemas de detección y monitorización del Estado español son buenos, el FRA explica que se está produciendo un aumento de la explotación en la agricultura que se extiende también a Portugal. El miedo a que una denuncia se convierta en una orden de expulsión del país, junto a una situación de extrema pobreza que lleva a aceptar cualquier tipo de empleo, son los factores clave en muchos de los casos denunciados. En los casos analizados por el FRA el principal factor personal de riesgo detectado ha sido el desconocimiento del idioma, el bajo nivel educativo y que los trabajadores proviniesen de situaciones de extrema pobreza en sus países de origen.

Un representante sindical español citado en el artículo considera que “no hay una condena social; no se reprueba que un hombre de negocios tenga personas migrantes trabajando para él y que las explote (…), no se condena que haya migrantes viviendo en condiciones inhumanas”. El racismo es un factor coadyuvante para las situaciones de explotación, dado que aumenta la percepción de que hay trabajos para los que la población autóctona no está destinada y por tanto, pueden tener condiciones subestándar.

Las necesidades de las víctimas de estas situaciones, indica el informe, son tener la posibilidad de establecerse en un país de la UE, y, en un número significativo de casos, poder proveer a otros miembros de la familia y algo tan evidente como recibir una paga por su trabajo.

Al margen de las recomendaciones a los Estados y a las autoridades de dichos países, el informe subraya la responsabilidad de los consumidores a la hora de adquirir productos o servicios que puedan proceder del trabajo en condiciones de explotación severa.

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Enfermeros en Alemania: explotación o multa

la multa me mata

Hace dos años que Natalia Sierra, una joven de 24 años recién diplomada en enfermería, vio una oferta en internet en la que se ofrecía trabajo a enfermeras y enfermeros en Alemania. Decidió probar suerte y envió su currículum. Tras una entrevista grupal y otra individual, partió rumbo a la capital germana. El motivo que propició que emigrase sin ni siquiera haber trabajado antes en Madrid, su ciudad natal, fueron las buenas condiciones que, aparentemente, se les ofrecían en este trabajo. Los seis primeros meses asistirían a un curso intensivo y cobrarían como practicantes (mucho menos del sueldo normal), hasta que, una vez alcanzado el nivel B2 de alemán, pasarían a cobrar sueldo estipulado y desempeñarían su trabajo en las mismas condiciones que las enfermeras y enfermeros alemanes. Pero lo que no sabían es que de la teoría a la realidad distaban un par de cláusulas abusivas en sus contratos.

Al ofrecerles el puesto de trabajo se les comentaba que deberían permanecer en él un mínimo de dos años, pero si por el contrario querían abandonarlo antes de ese tiempo, deberían abonar una multa que oscilaba entre los 6.000 y los 10.000 euros. Como, aparentemente, las condiciones eran bastante favorables, firmaron los contratos, ya que las posibilidades de encontrar un trabajo que permitiese su emancipación en lugares como Madrid eran limitadas debido principalmente a la precarización de la sanidad. Es así como muchas empresas alemanas reclutan a enfermeras y enfermeros de todo el Estado. Tras llegar allí y superar el examen de alemán a los seis meses, muchos se dan cuenta de que sus condiciones salariales no son equiparables a las de los trabajadores alemanes. Estas diferencias no se producen únicamente en el salario, sino también en las horas trabajadas y en la elección de destinos. Diversos programas atraen a miles de emigrados cada año, como el llamado “Work & Travel”, en el que tenían que viajar por Alemania para visitar a pacientes y por el que no cobraban un salario adecuado a su dedicación.

Cada mes trabajado, la penalización por irse disminuía en unos 400 euros, según el caso. Tras darse cuenta de que se estaba produciendo este abuso, un grupo de enfermeros, entre los que se encontraba Natalia, decidieron acudir a la Oficina Precaria del 15M de Berlín. Este colectivo creó el año pasado el Grupo de Acción Sindical (GAS), a raíz de observar que se está produciendo un dumping salarial utilizando a trabajadores del sur de Europa que cobran salarios inferiores a los de las personas autóctonas y que son utilizados para rebajar las condiciones laborales de los propios alemanes, ya que en ocasiones a éstos se les exige trabajar más horas o por un salario menor si no quieren que sus puestos de trabajo los ocupen españoles, griegos o italianos. El Grupo de Acción Sindical se dedica a ayudar a los trabajadores de cualquier procedencia a organizarse y a presentarse a las elecciones del comité de su empresa para, desde ahí, poder presionar para que mejore su situación laboral. También se elabora una tabla con reivindicaciones como la eliminación de la multa, mismo salario para el mismo trabajo, descanso entre turnos o la especificación de sus competencias.

“En nuestro caso, la empresa reaccionó suprimiendo la contratación de personas procedentes del sur de Europa y sustituyéndolas por migrantes del Este. Al no tener mejoras en cuanto a salario y multa, algunos decidimos romper el contrato, cuenta Natalia. Los que se organizaron pudieron librarse de la multa. Pero esto no resultó tan fácil para todos, ya que hay enfermeras y enfermeros que han tenido que quedarse en la empresa hasta que la multa esté totalmente pagada, bajo amenaza de iniciar acciones legales contra ellos. En teoría esta penalización económica es debida a los gastos del curso de alemán o la vivienda que se les proporcionaba al llegar a Alemania, pero no se especificaba con ningún tipo de facturas la cantidad, que además variaba de unos trabajadores a otros, y se ha descubierto que algunas empresas se servían de fondos europeos para financiar estos cursos de alemán.

Desde el Grupo de Acción Sindical (GAS) han observado que estos “contratos mordaza” se están empezando a dar en más empresas de enfermería y también en otras de sectores diferentes, como el de los transportes. Por ello decidieron poner en marcha hace algunos meses la campaña “La multa me mata”, que viene detallada en su web. Su principal difusión están siendo las redes sociales. Mayte Marín forma parte del Grupo de Acción Sindical y explica que “se da una imagen errónea de lo que es Alemania. Parece que hay mucho trabajo y de calidad, pero no siempre es así. Nos gustaría denunciar públicamente este problema en Alemania y en España. Son muchas las instituciones que colaboran o participan de estos programas que mandan enfermeros a trabajar fuera y que no saben, o no quieren saber, las condiciones reales en las que se encuentran. Además, cuando estas personas tienen problemas en su trabajo y acuden a la embajada a pedir ayuda, a veces no se les ofrece, en ocasiones porque desconocen el tema. Con esto también conseguiremos crear una red de apoyo para los trabajadores extranjeros en el sector”.

En el Grupo de Acción Sindical también tienen contacto con algunos sindicatos alemanes, que intentan asesorar a los trabajadores y disponen, para quienes se afilien, de un abogado gratuito que lleva sus casos. Es el caso de Ver.di, que cuenta con una sección dedicada al tema sanitario. Resulta también bastante habitual que las empresas prohíban a sus empleados hablar de sus sueldos con los compañeros de trabajo, produciéndose así un hermetismo difícil de romper, puesto que no se sabe si se cumplen los convenios colectivos del sector para todos los empleados.

A pesar de que existen ciertos contratos abusivos, otros como José Salvador Moreno, procedente de Cádiz, no se plantean volver de momento. “En mi ciudad aún el paro es de los más altos y llevo aquí tres años. Hablo ya bien alemán, así que no me resulta complicado encontrar otro trabajo de enfermero cuando no me gustan las condiciones que se me ofrecen”. Alemania es uno de los destinos preferidos por los profesionales sanitarios al acabar sus estudios, ya que tiene mucha demanda y en algunas ocasiones con condiciones mejores que las detalladas en este artículo. El nivel de preparación de las enfermeras y enfermeros españoles supera, con creces, al del ofrecido en Alemania, donde enfermería no es una carrera universitaria, sino una formación profesional de tres años y cuyas funciones principales se relegan a las de los cuidados.