SEGUNDA SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO 2015-16

El pasado día 14 de Abril, jueves, celebramos la segunda sesión del Seminario “La descomposición del capitalismo y de su esfera política“, en la Libreria Enclave, de la calle Relatores, 16, 28012, Madrid, Tf.: 913694649.

En este caso, continuamos con el trabajo realizado en la primera sesión, la de presentación del propio Seminario, en la que se hizo un breve recorrido por el recuerdo de los Seminarios anteriores, para a continuación abordar la temática propiamente dicha de esta sesión, Diagnóstico de la crisis del capital y/o de la crisis del trabajo abstracto – ¿Por qué en este mundo el ser humano ha de ser “fuerza de trabajo”?

Trabajamos sobre todo acerca de “El Manifiesto contra el Trabajo” y otros textos del Grupo Krisis y de Anselm Jappe.

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Y también del no alienado… si es que lo logramos encontrar

Para aquellos que estuvieseis interesados en el Seminario, y por distintas circunstancias no pudierais acudir en esta ocasión, hemos colgado en Dropbox los audios de la sesión, cuyos enlaces os facilitamos para que podáis descargarlos o escucharlos según vuestro deseo.

ARCHIVOS AUDIO SEGUNDA SESIÓN (14042016) PRIMERA PARTE

ARCHIVOS AUDIO SEGUNDA SESIÓN (14042016) SEGUNDA PARTE

Os esperamos para la próxima sesión, la Tercera, el jueves 5 de Mayo de 17:00 a 19:30 con una nueva temática, La dinámica del tiempo y del valor bajo el capitalismo, ¿Podemos concebir el tiempo sin relacionarlo con el trabajo? El mundo es demasiado rico para el capitalismo.

Los textos, con ocasión de este Seminario, han sido reunidos en dos libros que ponemos a disposición de los asistentes al Seminario o de personas interesadas en los temas que tratamos, y que podrán encontrar en la misma librería donde lo celebramos. En esta ocasión trabajaremos sobre todo con textos de autores principales como Robert Kurz, Moishe Postone, Norbert Trenkle y Michael Heinrich, cuya lectura os recomendamos con mucho interés.

Próximamente, no obstante, recordaremos a través del blog la celebración de esta Tercera Sesión cuando se acerque la fecha indicada.

SEXTA SESIÓN SEMINARIO TEORÍA CRÍTICA DEL VALOR-TRABAJO 2014-15

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El fin del trabajo en Detroit

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EL TRABAJO ABSTRACTO. LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO

Os invitamos a la sexta sesión del Seminario Teoría Crítica del Valor-Trabajo II, que tendrá lugar el jueves 26 de Febrero de 2015, de 17:00 a 20:00 con un descanso intermedio, en la Librería Enclave, de la calle Relatores, 16, 28012, Madrid, teléfono 913 69 46 49. 

Esta sexta sesión constituye, junto a las sesiones anterior y posterior (próximo 26 de Marzo), el núcleo central de las sesiones categoriales del Seminario de este año, y que están entrelazadas entre sí como lo están en la vida concreta: el valor, el trabajo abstracto y la mercancía con su fetichismo, el capitalismo. Así que las lecturas que proponemos para estas sesiones del bloque Capital y Trabajo o Trabajo y Capital, relativas todas ellas al Trabajo, son válidas y valiosas también para las sesiones siguientes, de tal modo que os pedimos las leáis y las tengáis presentes y en el recuerdo al reflexionar o discutir sobre el valor o sobre la condición misma del fetichismo de la mercancía y su secreto. Esto es, acumularemos textos para su pensamiento, para su confrontación, para su profundización.

Los textos que os enlazamos, aparte del Capítulo Primero (“El proceso de producción del capital“) del Tomo I del propio El Capital, de Karl Marx, que estará ahí para su uso en todo momento,  son textos breves de David Harvey (Mercancías, Valores y Relaciones de Clase; Guía de El Capital de Marx, Libro Primero), Antonio Negri y Michael Hardt (Michael Hardt y Antonio Negri, Posmodernización o la Informatización de la Producción, del libro Imperio), Andrea Fumagalli (Fundamentos para una nueva Teoría del Valor, del libro Bioeconomía y capitalismo cognitivo, en Traficantes de sueños), Norbert Trenkle (La crisis del trabajo abstracto es la crisis del capitalismo) y el Manifiesto contra el Trabajo, del Grupo Krisis. 

Manifiesto contra el trabajo (II), 1999

Manifiesto contra el trabajo

Grupo Krisis

Salida de lxs obrerxs de la fábrica

Salida de lxs obrerxs de la fábrica

2. La sociedad neoliberal del apartheid

«El bribón había destruido el trabajo, aun habiendo tomado el sueldo de un trabajador; ahora tendrá que trabajar sin sueldo, imaginando para sí mismo en la mazmorra la bendición del éxito y la ganancia […] Tendrá que ser educado para el trabajo honrado como acto personal libre mediante el trabajo forzado.»

Wilhelm Heinrich Riehl, El trabajo alemán, 1861

Una sociedad centrada en la abstracción irracional trabajo desarrolla necesariamente una tendencia al apartheid social, cuando el éxito en la venta de la mercancía trabajo se vuelve más una excepción que la regla. Todas las fracciones del campo trabajo, que abarca a todos los partidos, han aceptado hace tiempo secretamente esta lógica y colaboran con entusiasmo en la misma. Ya no discuten sobre si se empuja a los márgenes a partes cada vez más grandes de la población y se las excluye de toda participación social, sino sólo sobre cómo imponer esta selección.

La fracción neoliberal confía, segura, el negocio sucio social-darwinista a la «mano invisible» del mercado. Es en este sentido que se están recortando las redes estatales de protección social para marginar, de la manera más silenciosa posible, a aquellos que no son capaces de resistir la competencia. Sólo se reconoce como ser humano al que pertenece a la hermandad de los sardónicos vencedores de la globalización. Todos los recursos del planeta se usurpan, con toda naturalidad, en nombre de la máquina capitalista autofinalista. Cuando ya no se puedan emplear de manera rentable para ese fin, serán dejados en barbecho, aunque eso suponga hambre para poblaciones enteras.

A la policía, las sectas salvadoras, la mafia y las cocinas populares les tocará encargarse de esta molesta «basura humana». En los EEUU y casi todos los países de Europa central hay más gente en las cárceles que en cualquier dictadura militar mediana. Y en Latinoamérica los escuadrones de la muerte de la economía de mercado matan diariamente a más niños y pobres que a opositores en los peores momentos de represión política. A los excluidos sólo les queda una función social: la del ejemplo aterrador. Su destino ha de servir para que todos los que todavía están en «la carrera hacia la tierra prometida» sigan aguijoneándose en el combate por los últimos puestos de trabajo; y que incluso la masa de perdedores se mantenga en un trajín incansable para que no se les ocurra rebelarse contra unas imposiciones tan desvergonzadas.

Pero aun pagando el precio del auto-empleo, este nuevo mundo tan bonito de la economía de mercado totalitaria sólo prevé para la mayoría un lugar como personas sumergidas en la economía sumergida. En tanto que mano de obra más barata y esclavos democráticos de la «sociedad de servicios» sólo les queda ponerse sumisamente al servicio de los vencedores bien pagados de la globalización. A los nuevos «pobres trabajadores» se les permite limpiarle los zapatos a los últimos hombres de negocios de la sociedad feneciente del trabajo, venderles hamburguesas contaminadas o vigilarles sus centros comerciales. Y quien haya dejado su cerebro en el guardarropía puede incluso soñar con el ascenso a millonario de servicios.

En los países anglosajones ese mundo de pesadilla ya es realidad para millones de personas y, en cualquier caso, también en el Tercer Mundo y en Europa oriental. Y en la tierra del euro parecen estar decididos a recuperarse generosamente del retraso existente a este respecto. Los periódicos de economía especializados ya no mantienen en secreto su idea del futuro ideal del trabajo: los niños del Tercer Mundo limpiando parabrisas en cruces apestados son el ejemplo brillante de «iniciativa empresarial» que tienen que hacer el favor de seguir los parados en el desierto de servicios autóctono. «El ideal del futuro es el individuo como administrador de su propia mano de obra y de su previsión existencial», escribe la Comisión sobre Cuestiones de Futuro de los Estados Libres de Baviera y Sajonia. Y: «La demanda de servicios sencillos relacionados con las personas será mayor cuanto menos cuesten los servicios, es decir, cuanto menos gane el que los presta». En un mundo en donde a la gente todavía le quedase un mínimo de dignidad esta afirmación provocaría una revuelta social. En un mundo de animales de trabajo domesticados sólo lleva a un asentimiento desvalido.

(continúa)

 

Manifiesto contra el trabajo, 1999

Manifiesto contra el trabajo

Grupo Krisis

Cartel contra el Trabajo Oporto

Cartel contra el Trabajo Oporto

1. El dominio del trabajo muerto

«Todos deben poder vivir de su trabajo, dice el principio planteado. Poder vivir está, por tanto, condicionado por el trabajo, y no existirá tal derecho, si no se cumple esta condición.»

Johann Gottlieb Fichte, Fundamentos del derecho natural según los principios de la doctrina de la ciencia, 1797

Un cadáver domina la sociedad, el cadáver del trabajo. Todos los poderes del planeta se han unido para la defensa de este dominio: el Papa y el Banco Mundial, Tony Blair y Jörg Haider, los sindicatos y los empresarios, los ecologistas alemanes y los socialistas franceses. Todos conocen una única consigna: ¡trabajo, trabajo, trabajo!

A quien todavía no se haya olvidado de pensar, no le resultará difícil darse cuenta de la inconsistencia de una posición semejante. Pues la sociedad dominada por el trabajo no está pasando por una crisis temporal, sino que está llegando a sus límites absolutos. La producción de riquezas se está alejando cada vez más –en una medida que hasta hace pocas décadas sólo era concebible en la ciencia-ficción– del uso de mano de obra humana como consecuencia de la revolución microelectrónica. Nadie puede afirmar seriamente que este proceso se vaya a parar o que tenga marcha atrás. La venta de la mercancía mano de obra va a ser tan prometedora en el siglo XXI como la de sillas de posta en el XX. Sin embargo, en esta sociedad, a quien no puede vender su mano de obra se le considera «excedente» y se le manda al vertedero social.

la sociedad dominada por el trabajo no está pasando por una crisis temporal, sino que está llegando a sus límites absolutos

¡El que no trabaje, no come! Esta cínica fórmula todavía es válida, y hoy en día incluso más, porque se vuelve irremisiblemente obsoleta. Es absurdo: la sociedad nunca ha sido tan sociedad del trabajo como en un momento en que el trabajo se está haciendo innecesario. Es precisamente en el momento de su muerte cuando el trabajo se revela como un poder totalitario que no admite otro dios a su lado. Determina el pensar y el actuar hasta en los poros de la cotidianidad y la psique. No se ahorran esfuerzos para prolongar artificialmente la vida del ídolo trabajo. El grito paranoico de «empleo» justifica que se fuerce incluso la destrucción, hace tiempo conocida, de los fundamentos de la naturaleza. Cuando se abre la perspectiva de un par de miserables «puestos de trabajo», se permite dejar de lado acríticamente los últimos obstáculos a la comercialización total de todas las relaciones sociales. Y se ha convertido en un acto de fe comúnmente exigido la idea de que es mejor tener «cualquier» trabajo que ninguno.

en esta sociedad, a quien no puede vender su mano de obra se le considera «excedente» y se le manda al vertedero social

Cuanto más patente es que la sociedad del trabajo está llegando a su final definitivo, con tanta más violencia se oculta ese final a la conciencia pública. Los métodos de ocultación pueden ser tan distintos como se quiera, pero tienen un denominador común: el hecho mundial de que el trabajo se evidencia como un fin absoluto irracional, que se ha hecho obsoleto a sí mismo, es redefinido con la terquedad de un sistema enloquecido como el fracaso personal o colectivo de individuos, empresas o «enclaves». El límite objetivo del trabajo debe parecer, pues, un problema subjetivo de los excluidos.

El límite objetivo del trabajo debe parecer, pues, un problema subjetivo de los excluidos.

Si para unos el paro es el producto de pretensiones desmesuradas, de falta de disposición a rendir y de flexibilidad; los demás le reprochan a «sus» directivos y políticos incapacidad, corrupción, codicia o traición a su enclave económico. Y al final todos acaban por coincidir con el ex presidente federal alemán Roman Herzog: el país necesita de un «empuje» que lo recorra de parte a parte, como si se tratase de un problema de motivación de un equipo de fútbol o de una secta política. Todos tienen que remar con fuerza «como sea», aun cuando haga tiempo que se le hayan escapado los remos de las manos; y todos tienen que ponerse manos a la obra «como sea», aun cuando no quede nada (o sólo sinsentidos) que hacer. El trasfondo de este triste mensaje es inequívoco: el que a pesar de todo no consiga la gracia del ídolo trabajo, tendrá él mismo la culpa, y se le podrá prescribir y expulsar sin problemas de conciencia.

Ya se ha declarado deshechos sociales a tres cuartas partes, más o menos, de la población mundial.

Esta misma ley de la víctima humana tiene validez mundial. Las ruedas del totalitarismo económico aplastan un país tras otro y demuestran así siempre lo mismo: que éstos han contravenido las llamadas leyes del mercado. Al que no se «adapte» incondicionalmente y sin considerar las pérdidas al transcurso ciego de la competencia total, le castigará la lógica de la rentabilidad. Las bases de la esperanza de hoy son la basura económica de mañana. A pesar de esto, los psicópatas económicos que nos dominan no se dejan perturbar lo más mínimo por lo que se refiere a su explicación estrafalaria del mundo. Ya se ha declarado deshechos sociales a tres cuartas partes, más o menos, de la población mundial. Se hunde un enclave económico tras otro. Después de los desastrosos «países en vías de desarrollo» del Sur y después de la subdivisión de capitalismo de Estado de la sociedad mundial del trabajo en el Este, han desaparecido asimismo en el infierno de la catástrofe los alumnos ejemplares de la economía de mercado en el sudeste asiático. En Europa también hace tiempo que se está extendiendo el pánico. Sin embargo, los jinetes de la triste figura de la política y la dirección empresarial continúan su cruzada en nombre del ídolo trabajo con tanto más ahínco.

(continúa)